Un amanecer más se manifiesta para permitirnos, simplemente, ser. El café negro en la taza, con su amargor característico que despierta los sentidos, se convierte en el primer vínculo real y tangible con la realidad física de esta jornada.
Estos pequeños placeres cotidianos son los que logran anclar el espíritu a la tierra, permitiendo una transición consciente hacia las actividades que aguardan. Que tengáis un excelente viernes.
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