LA QUE ERA SORDA
(Cuento sufí)

Había una vez un hombre rico desposado con una joven sorda por completo.

Una mañana, mientras desayunaban, ella le dijo:

—Ayer visité el mercado y exhibían vestidos de seda de Damasco, velos de la India, collares de Persia y brazaletes de Yemmen. Parece que las caravanas acaban de traer todo eso a nuestra ciudad. Y ahora mírame, yo en harapos, siendo la esposa de un hombre rico. Debo comprar alguno de esos hermosos objetos.

—Querida —contestó el esposo,
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aún ocupado con su café matinal— no existe razón alguna por la cual tú no vayas al mercado y compres todo lo que tu corazón desee.

—¡No! —protestó la esposa sorda—. Siempre dices no, no. ¿Es necesario que aparezca en harapos ante nuestros amigos, avergonzando así a tu fama y a mi gente?

—No he dicho que no —dijo el esposo—; puedes ir libremente a la plaza del mercado y comprar la vestimenta más hermosa y las joyas que hayan llegado a nuestra ciudad.

Pero otra vez la esposa equivocó...
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la lectura de sus palabras y replicó:

—De todos los hombres ricos tú eres el más miserable. Me niegas toda belleza y hermosura mientras las otras mujeres de mi edad caminan por los jardines de la ciudad ataviadas con ricos vestidos. —Y comenzó a llorar. Y mientras sus lágrimas caían sobre su pecho gritó otra vez: —Tú siempre me dices no, no, cuando deseo un vestido o una joya.

Entonces el esposo, conmovido, se levantó y sacando de su bolsa un puñado de oro, se lo entregó...
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y con dulzura le dijo:

—Ve al mercado, querida mía, y compra todo lo que desees.

Desde ese día la joven y sorda esposa cada vez que deseaba algo aparecía ante su esposo con una perlada lágrima en los ojos, y él en silencio tomaba un puñado de oro y lo ponía sobre sus faldas.

Pero ocurrió que la joven se enamoró de un joven cuyo hábito era realizar largos viajes. Y cuando el partía se sentaba a llorar.

Cuando el esposo la hallaba llorando decía en su corazón: "Debe haber...
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llegado una nueva caravana con prendas de seda y joyas raras".

Y sacaba otro puñado de oro y se lo entregaba.
5.

Khalil Gibran
(1883-1931)

De: El vagabundo (1932)
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