No me apetece mover muebles.
No me apetece cocinar.
No me apetece hacer limpieza en casa.
No me apetece dibujar o guionizar.
Creo que voy a ir al cementerio a buscar la tumba de mis ancestros, que fui de niño y no recuerdo donde está.
O tal vez yonkilatas.
No sé.
He ido desde mi casa hasta el centro neurálgico de la localidad.
Pongo los alts cuando vuelva a casa porque con el teléfono es un infierno.
Esta es una de las calles que más me gustan.
Cuando era chava había un hombre muy delgado, calvo y viejo, que estaba en la puerta de está casa (ahora está restaurada).
Me contaba a mi hermana historias terroríficas sobre ese hombre, que seguro que eta buena gente, para darle susto.
Se llegaba desde un callejón.
Antes era, en mi imaginación, más estrecho y estaba lleno de bosta de borriquines y mulas.
Ahora llego a la casa de mi abuela, que se tuvo que vender y que ahora está de obras porque alguien la habrá comprado, digo yo.
Es más estrecha de lo que aparenta en la foto.
Ahora, desde la casa de mi abuela, sí que voy hacia el cementerio.
Primero había que pasar por la iglesia.
Esta explanada de granito era en nuestra imaginación infantil un castillo con murallas.
Jugábamos mucho aquí.
Por este corredor con escaleras ya tirabamos para el cementerio.
Primero por la calle de la eternidad.
Pasábamos por la cooperativa.
Otro día, si me dejan y os apetece, os hago un recorrido.
Este parque, al lado de la cooperativa, es nuevo y lo voy a aprovechar para sentarme, echar un trujas y descansar mis lumbares de acelga (Ojalá de acero).
Si miro para allá veo la peña, la montaña solitaria (fig.1) y si miro para acullá (fig. 2) las primeras estribaciones de la sierra de Gredos.
He dado vueltas por el cementerio pero no he encontrado lo que buscaba porque por "cosas" de los años 30 y 40 mi bisabuelo no pasó sus apellidos a mi abuela.
Si mis recuerdos infantiles son certeros debería ser de este tipo.