En 1982 las abuelas argentinas Chicha Mariani y Estela Carlotto se comunicaron con el genetista argentino Víctor Penchaszadeh para preguntarle si los entonces recientes test genéticos de paternidad podían extenderse pata establecer el lazo entre un nieto y su abuela.
Penchaszadeh las puso en contacto con su colega Mary Claire King, quien ante el pedido de las abuelas desarrolló un método estadístico para comparar ADN mitocondrial, hoy conocido como "induce de abuelidad". Este método permite saber si una persona es nieto de otra.
Con esta herramienta, las Abuelas de Plaza de Mayo fueron capaces de identificar y restituir la identidad de 140 hijos de desparecidos que habían sido robados como bebés en los campos de exterminio de la última dictadura militar.
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