El modelo actual de la inteligencia artificial generalista es un problema (o, mejor dicho, un conjunto de problemas). Nos intentan vender “asistentes” conversacionales a toda costa, cuando en realidad son un agujero negro de recursos con un modelo de negocio que no se sostiene. (1/12)
Todo este ruido y este hiperdimensionamiento comercial (por decirlo finamente) están eclipsando y desprestigiando a las inteligencias artificiales de verdad: las especializadas; muchas de ellas, herramientas científicas y concretas que sí resuelven problemas reales. (2/12)
Lejos de suponer un avance real, esta obsesión por meter un gran modelo de lenguaje (LLM) con calzador en todas partes es una burbuja que devora recursos a lo bestia. Al final, los fallos constantes de estas herramientas hacen que la gente desconfíe de la tecnología en general, lo que podría retrasar las soluciones que realmente necesitamos. (3/12)
A esto hay que sumarle un problema ético importante. Las grandes tecnológicas han chupado datos de toda la humanidad (textos, código, imágenes) sin pedir permiso para entrenar sus modelos. Luego cobran por el acceso. Es el colmo: invierten millones en abogados y «lobbies» para proteger su copyright, mientras defienden que pueden usar el trabajo de los demás porque “es de dominio público” (aunque no lo sea). (4/12)
Salvo que viviéramos en un mundo completamente comunista, al estilo del comunismo de lujo totalmente automatizado de Aaron Bastani, y además donde todo fuera de todos, esta apropiación está completamente injustificada. (5/12)
Además, el problema no es solo ético, también es físico. Un centro de procesamiento de datos orientado a LLM no consume ni de lejos lo mismo que uno convencional. Son instalaciones que devoran energía a mansalva, hasta el punto de obligar a mantener o construir nuevas plantas de gas natural para cubrir la demanda. (6/12)
Y luego está el agua: para ahorrar en electricidad, instalaciones y mantenimiento, evitan circuitos cerrados de refrigeración y usan millones de litros de agua potable que, una vez calentada, se tira. (7/12)
Ahora mismo parece que “todo funciona” porque están subsidiando el acceso y vendiéndolo muy barato, incluso perdiendo dinero. Pero es una trampa. El objetivo es que la gente se acostumbre. Cuando suban los precios para intentar cuadrar cuentas, muchos no podrán asumirlo. Pero, oye, el primer chute es gratis. (8/12)
No sé si algún día se podrán crear LLM de forma completamente ética y sostenible. En el mundo actual, no parece probable. Pero incluso si se lograra, además del riesgo de las llamadas “alucinaciones”, el mayor riesgo sigue siendo el mismo: la atrofia mental. Si la gente se acostumbra a usarlos como si fueran un oráculo infalible (que no lo son), se genera dependencia. La mente deja de hacer tareas básicas y, peor aún, se pierde capacidad de pensamiento crítico. (9/12)