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Por qué las guerras en Medio Oriente no terminarán
Una de las diferencias esenciales entre la persona común y el fascista se resume quizás mejor en la vacilante identidad de Hamlet y la inquietante pregunta de “ser o no ser”. La trágica caída del personaje shakesperiano tiene su origen en una reflexión profunda, una catástrofe existencial que lo obliga a cuestionar su propia existencia. Esta postura crítica nunca ha existido en los fascistas y, por lo tanto, la lógica de su propia existencia jamás se somete a escrutinio.
Sin embargo, a pesar de esta coincidencia en la centralidad de la certeza entre los fascistas, existe una diferencia fundamental en la forma en que el racismo, que se encuentra en la base del fascismo, se formula y se practica en Occidente en comparación con Oriente.
