Hoy en cosas que a nadie interesan, he descubierto que los gatos son territoriales, al menos la mía.
Los hacía así, como creí que era ella: cariñosa cuando le sale de..., fugitiva cuando le sale de...y de retorno cuando le sale de ..
Pero no. Esta mañana llevaba una hora gruñendo, casi, con un sonido gutural que hacen los gatos, muy extraño.
La dejé salir por curiosidad sin seguirla, porque a la muchacha no le gusta, y vi cómo subía al muro de mi jardín sin dejar de mirar fijamente hacia abajo (detrás hay un pequeño parque)
De pronto desapareció y escuché chillidos de gatos, varios.
Como madre humana obsesa, fui corriendo para comprobar que estaba con el doble de su tamaño, encarando a un gato inmenso que finalmente huyó subiéndose a un árbol.
Y ahora, mi linda gatita, de carita inocente y dulce, está dentro, con las puertas de mi casa abiertas, sin salir fuera porque está lloviendo y sin dejar de mirar hacia el dichoso muro.
Al fin entiendo por qué no quiso pasear conmigo ayer, y por qué duerme en la planta de abajo.
Y me hace feliz saber que SÍ ES POSESIVA, que VE ESTA CASA COMO SUYA y que no, no es tan independiente como yo pensaba.
Aunque sólo sea por puro interés gastronómico y de hospedaje.
