CUANDO EL BOSQUE ARDE Y EL PAÍS DESPIERTA: LA TRANSFORMACIÓN VERDE QUE REDEFINE A BIELORRUSIA
Bosques que arden, comunidades que resisten y un país que redefine su relación con la naturaleza. Ese es el trasfondo de la transformación forestal que vive Bielorrusia y que, en vísperas del Día Internacional de los Bosques, revela tanto sus vulnerabilidades como su potencial para convertirse en un referente regional de gestión sostenible.
© PNUD en Bielorrusia / Incendio forestal en BielorrusiaUn ecosistema que sostiene al país y al planeta
Los bosques cubren más del 40 % del territorio bielorruso, casi 10 millones de hectáreas. No se trata solo de un paisaje verde: son sistemas vivos que regulan el clima, protegen los suelos, purifican el aire y albergan miles de especies. En las últimas tres décadas, la superficie forestal ha crecido en un millón de hectáreas, un ritmo que duplica la media mundial.
Armen Martirosyan, representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Bielorrusia, lo resume con claridad: los bosques “no son un recurso, sino un organismo vivo que sostiene nuestra realidad compartida”.
Su valor económico también es notable. 40.000 personas trabajan en el sector forestal, y los productos madereros representan el 8,4 % de las exportaciones. A ello se suman los recursos no madereros —bayas, hongos, plantas medicinales— y un ecoturismo en expansión que abre oportunidades para pequeñas empresas y empleo rural.
Un enemigo creciente: el fuego
El cambio climático está alterando profundamente la dinámica forestal del país. En 2025, Bielorrusia registró más del doble de incendios forestales que el año anterior: más de 700 focos que arrasaron 1200 hectáreas.
Las causas son conocidas:
- Temperaturas más altas
- Menos días de heladas
- Cambios en los patrones de lluvia
- Mayor frecuencia de fenómenos extremos
Los bosques de coníferas —dominantes en el país— son especialmente vulnerables. Cuando arden, no solo se pierde madera: se destruyen hábitats completos y se libera a la atmósfera el carbono almacenado durante décadas.
A esta amenaza se suma otra silenciosa: las plagas forestales, como el escarabajo de la corteza o las moscas sierra, que prosperan en ecosistemas debilitados por el calor y la sequía.
La respuesta: tecnología, alianzas y educación
Frente a este escenario, Bielorrusia ha reforzado su cooperación con el PNUD y otros socios internacionales. En los últimos años se han impulsado iniciativas clave:
- Modernización de la legislación forestal, incorporando tecnologías digitales para inventarios, monitoreo y detección temprana de incendios.
- Estrategia nacional de biodiversidad, adoptada en 2026 con apoyo de la ONU.
- Proyectos de prevención y respuesta a incendios, financiados por China en el marco de la cooperación Sur-Sur.
- Programas de ecoturismo sostenible, desarrollados junto al Ministerio de Recursos Naturales y con apoyo de la Federación de Rusia.
El objetivo es claro: construir un sistema de gestión forestal que combine innovación, participación comunitaria y conservación a largo plazo.
Tres claves para proteger el futuro verde de Bielorrusia
Martirosyan identifica tres prioridades estratégicas:
La protección de los bosques, insiste, no es solo una tarea técnica: es un compromiso intergeneracional.
“Un bosque es un organismo vivo. Debe ser tratado como parte de nuestra realidad compartida, de la que depende nuestro futuro”.
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