No fui
El último viernes de mi padre en la Tierra, elegí no ir verle al hospital. Durante dos semanas había ido después de trabajar y hasta la noche, para que mi madre y mi hermana descansaran. Mi hermana me dijo que ya no iban a salir del hospital ninguna de las dos porque mi padre no volvería a casa. Ya me había despedido de él el lunes o el martes, la última vez que pareció consciente. Murió a la mañana siguiente, sobre las ocho. Minutos después una llamada de mi hermana me despertó. Me levanté, atendí las necesidades de mis gatas y fui a reunirme con mi cuñado para ir en su coche. Me encargué de todo el papeleo y de hablar con la mutua. Mi madre y mi hermana no estaban en condiciones para ello. El sábado por la tarde y el domingo los pasé recibiendo el pésame, besos, abrazos y palabras de ánimo de familia a la que hacía años que no veía. Hubo una misa sin alma el domingo, poco después de comer. Fui a recoger las cenizas con mi hermana y su novio un par de días después. La urna sigue en el mueble del salón de mi madre. No he preguntado qué piensa hacer con ellas. […]