La guerra en Oriente Medio, más allá del evidente desastre humanitario, está poniendo de relieve la fragilidad de los sistemas de abastecimiento de determinados elementos cruciales para que las sociedades puedan garantizarse una vida digna en condiciones de seguridad. Entre estos recursos estarían los energéticos fósiles y también los fertilizantes.
En Europa, las aguas residuales pueden tener un papel significativo a la hora de paliar la dependencia de la importación de ambos. La digestión anaerobia de la materia orgánica contenida en las aguas permite obtener biogás, que puede aprovecharse para mejorar el balance energético de los tratamientos, además de calor. El aprovechamiento de esta energía supone disminuir la necesidad de traerla de otros sitios y reducir la huella de carbono.
Y el nitrógeno y fósforo en estas mismas aguas también puede servir para obtener productos fertilizantes en las mismas depuradoras, o utilizar los efluentes directamente en riego agrícola, práctica que se conoce como fertirrigación.