Todo ataque a una mujer mediática es un ataque a todas las mujeres como colectivo. Una amenaza de lo que puede llegar a pasarte si levantas la voz. Y parte del objetivo es que se hable de ello
Las recientes agresiones a figuras como Montero, Maestre, Santaolalla o Skylar, e incluso el del 8M en Madrid, son consecuencia y parte de la estrategia reaccionaria: que se denuncie lo que es una advertencia de castigo
No estamos criticando que quién lo padece lo haga público, pero hemos de tener en cuenta que parte de la violencia que sufren es ejemplarizante para el resto. Los agresores quieren que se extienda el miedo a todas sus semejantes
Esas figuras son meros ejemplos "universales" escogidos por su alcance mediático. Se las agrede, precisamente, para extender mejor el mensaje aleccionador: "Si te atreves a hacer esto, te pasará esto otro"
Andrea Proenza lo analiza en un vídeo (en el que colaboramos) sobre los deepfakes. Se usan como herramienta que parte de la misma estrategia de extender el miedo a un colectivo entero
A todo eso, súmale la capacidad de generar engagement que tienen estos ataques. Muchos agresores buscan obtener visibilidad a través de criticar influencers o políticos y hacer carrera en el negocio del odio
Obviamente no todos los monetizadores de odio llevan a cabo ataques con la misma intensidad ni intención, pero en última instancia, son co-responsables de crear el clima que los hace posibles
Por eso siempre señalamos las plataformas como responsables últimas. Crean la interfaz que hace posible que el patriarcado se reproduzca así al potenciar con visibilidad este tipo de contenido, mientras no hacen nada por atajarlo
Los ataques coordinados de los que hablabamos al principio son, entonces, el escalón último del ambiente mediático y social construido en el internet comercial. La conjunción final entre el negocio, el odio y la guerra