Esta semana ha aparecido otro estudiante en clase con unas gafas Rayban de Meta. En privado le he preguntado si estaba al tanto de la inseguridad a la que sitúa a las personas que tiene alreadedor.

Debo reconocer que le sorprendió mi comentario. Estaba a la defensiva:
- Ya, pero hoy hay cámaras en todos lados.
- Sí, en la calle pero no en mi clase, ni en tu alcoba, ni en tu cuarto de baño.
- ¿Y los móviles, qué?
- Los móviles cuando no los usas apuntan al techo no a la cara de las personas todo el rato.
- Es que son mis gafas para ver. Las necesito...

Tras un tira y afloja, dejé de insistir y le dije que mi comentario no era personal contra él sino algo dirigido a la tecnología que estaba introduciendo en su vida cotidiana.

No sé cuánta gente se lo habrá comentado antes, pero es bueno hablar de las cosas que no podemos normalizar como si fueran neutras o necesarias.

Ahora voy a escribirle al decano para ver qué directrices han pensado para estas gafas en los exámenes.

También le habría dicho que cuando hay una cámara que graba normalmente hay un cartel bien visible que indica quien se está encargando de la grabación y a donde dirigirse en caso de querer ejercer los derechos propios sobre esas imágenes, que donde lleva el pegado un cartel similar...