La educación de la escuela y el instituto siempre lidia con la educación que el alumno recibe de su ambiente.

Si el ambiente del alumno, por como vive y/o por cómo piensa, desprecia el valor de la cultura o la educación, hay muchas posibilidades de que este alumno entre en conflicto constante con su educación reglada y no le vaya bien.

En el caso contrario probablemente le vaya mejor.

Pero ahora el ambiente no solo lo forman tus familias y tu barrio/pueblo, sino tu entorno digital.

Y muchos adolescentes pasan más tiempo interactuando con su entorno digital que con su familia y su realidad local.

El problema es que el entorno digital, de forma tácita o explícita, también desprecia el valor de la educación y la cultura.

Un entorno digital que, recordemos, está basado sobre todo en recompensas inmediatas a través de estímulos emocionales y sensoriales.

Que es justo lo opuesto al arduo proceso educativo, que solo asegura recompensas a largo plazo tras esfuerzos sostenidos.

Un entorno digital que tiende a encerrarte cámaras de eco ideológicas para confirmar tus sesgos más primitivos.

Lo que hace aún más difícil a quienes nacieron en familias que no valoran/tienen la educación, sobreponerse a su handicap de partida.

Sumen todos esos factores ambientales y obtendrán la tormenta en la que hoy el profe de secundaria tiene que hacer navegar el barquito de su asignatura.