De guajes, cuando en Asturies desaparecía la emisión en tele y radio, ponían un letrero que avisaba de que la antena del Gamoniteiru había dejado de recibir la señal española. Cuando se corta el paso con la meseta por una nevadona, a muchas nos saltan los lagrimones, mezcla de fastidio y orgullo por la camaradería. Ya no es más que un recuerdo atávico que tarda en desvanecerse, pero pienso que aún nos hace especialmente solidarios con los aislados, los acorralados.
