—Ponte la capucha. —La cyborg rompió el silencio mientras observaba al hombre, divertida. Sus extremidades eran artificiales y estaba llena de modificaciones: ojo multifunción, brazos de cromo, hombros blindados, piernas con amortiguadores.
Los dos permanecían en un túnel claustrofóbico, en forma de tubo. El espacio era tan reducido que no podían ponerse de pie y apenas pasaban de uno en uno. Se arrastraron en la penumbra, reptando o a gatas, por gran parte del recorrido subterráneo.

