📱A veces, no pulsar "enviar" es el único espacio de libertad que nos queda.
En el momento en que ese mensaje sale, dejas de ser dueña de tus palabras para que pasen a ser propiedad de la interpretación del otro.
Y eso da un vértigo que te mueres.
Elegir no decidir es, curiosamente, una decisión muy potente.
Es decir:
"Hoy el mundo no va a cambiar porque yo no quiero que cambie".
Es mantener el mensaje en ese limbo donde todavía todo es posible y nada se ha roto (ni arreglado) todavía.
Es preferir el silencio conocido al ruido de una respuesta que quizás no estamos listos para gestionar.
Al final, la vida sigue, pero a veces nos gusta sentarnos en el bordillo un rato a verla pasar antes de volver a saltar al tráfico.
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