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Avi Loeb y los científicos que se pasan al ‘lado oscuro’: cuando el enemigo de la razón duerme en casa

Figuras como el físico de Harvard, que defiende que los cometas interestelares podrían ser naves alienígenas, erosionan la credibilidad de la ciencia desde dentro. Sus perfiles prosperan en un ecosistema mediático que favorece el espectáculo por encima del rigor

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Figuras como el físico de Harvard, que defiende que los cometas interestelares podrían ser naves alienígenas, erosionan la credibilidad de la ciencia desde dentro. Sus perfiles prosperan en un ecosistema mediático que favorece el espectáculo por encima del rigor
Licencia para decir tonterías Loeb no es el único científico con una carrera brillante que decide dejar el rigor científico en un cajón y pasarse a opinar sobre cualquier campo en favor del show business.
En EEUU hay una larga lista de personajes como el físico Michio Kaku, que ha terminado defendiendo todo tipo de ideas peregrinas en televisión, el médico Robert Lanza, creador de una teoría que defiende que nuestra conciencia crea el universo, o el matemático
Eric Weinstein, denostado por los físicos por lanzar una supuesta “teoría de todo” sin pies ni cabeza
En España tb tenemos investigadores que aprovechan un título científico para dar una pátina de credibilidad a sus posiciones heterodoxas. Durante el COVID-19 se hicieron famosos personajes como el todólogo televisivo César Carballo o el biólogo Fernando López-Mirones,
protagonista en redes por sus mensajes descabellados sobre el efecto de las vacunas de ARN y autor del libro Yo, negacionista
Enfermos de autoridad En su libro La teoría de todo lo demás (Capitán Swing, 2025), Dan Schereiber defiende que la mayoría de nosotros tenemos un “granito de chifladura” o alguna creencia estrafalaria, y esto también afecta a los científicos.
En el mundillo se conoce como el síndrome del premio Nobel, o “Nobelitis”, al fenómeno por el cual algunos galardonados comienzan a defender ideas extrañas o se consideran expertos en campos que desconocen.
Así, Kary Mullis, inventor de la prueba PCR, negaba que el VIH causara el sida y rechazaba el cambio climático o Luc Montagnier, descubridor del VIH, se convirtió en un ferviente activista antivacunas.
En su opinión, este tipo de científicos, como Avi Loeb o el bioquímico británico Rupert Sheldrake, creador de su propia #pseudociencia, tienen demasiada prisa por mostrarnos lo que los investigadores solían hacer en privado. “
Darwin se sentó dte 20 años antes de publicar sus ideas” recalca Schereiber. “Si has descubierto extraterrestres, investiga dt 20 años para asegurarte de tener razón antes de publicarlo y antes de que todos estos detectives aficionados se suban al carro y digan: Ahora tenemos un profesor de Harvard
Un batiburrillo de #sesgos Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto, cree que en los casos en los que los científicos difunden teorías absurdas tiene un papel importante el denominado sesgo de autoridad, pero también un sesgo de confirmación. “
Me gusta esta teoría, busco cómo confirmarla, y fíjate, encuentro que este experto está diciendo lo que yo pensaba”, explica.
Un estudio reciente realizado por investigadores españoles que mostró con 116 estudiantes cómo las creencias sobre #pseudociencias se refuerzan cuando provienen de personas con la etiqueta de “expertos”. El Sesgo de autoridad de los expertos científicos refrenda el sesgo de confirmación
Un científico debería ser capaz de plantearse la posibilidad de estar equivocado y darse cuenta de que si transmite ideas no probadas puede llegar a hacer mucho daño Helena Matute — Catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto