La cuarta temporada de The Witcher llega con el sonado cambio de actor para Geralt, y uno, a estas alturas, ya ni recuerda qué pasó en las anteriores. La serie avanza entre giros, caos y tramas medio olvidadas, intentando rehacerse mientras redefine su tono. Aun así, si no has leído los libros quizá la disfrutes más: porque a veces parecen cagarse en ellos, pero el espectáculo mantiene cierta chispa fantástica que todavía engancha un poco, casi sin pretenderlo, curiosamente.

