Me regalaron este libro en 1998, cuando estudiaba japonés, y me quedé con los detalles conductuales relacionados entre familiares. Al retomarlo ahora me llaman la atención otras sutilezas, como el fetichismo, la influencia occidental y la convivencia del culto autóctono con el cristianismo. Pero el sabor de boca que me queda es extraño, como de querer regalárselo a un bombero.

