La vejez no es madurez y la madurez no es vejez. Soy joven,pero me siento viejo,no por mis años sino por lo que pienso y con quienes me rodeo. Antes,como comunista,vivía trabajando y gastando como si no hubiera mañana; esclavo del Estado que me hacía creer libre. Hoy,de la mano de Dios,mi propósito es dejar un mensaje a la humanidad y a mi país. El Estado no es protector,es el carcelero que roba voluntad y alma. Nuestra misión es romper sus cadenas y recuperar lo que nos pertenece: la libertad.