España arde y no sólo por el calor. Desde 2009 hemos recortado a la mitad la inversión en prevención de incendios. El dinero para apagar sí, para evitar que empiecen, no. El fuego como negocio: siempre rentable para quienes contratan a última hora y cobran a precio de emergencia.

Bomberos forestales con contratos de risa, brigadas sin personal, helicópteros en tierra por falta de pilotos. Menos días de trabajo, más hectáreas calcinadas. (1/3)

Las CCAA ahorran en prevención y gastan en desastres, como si el monte fuera un cajero automático de subvenciones. Cuando el humo se disipa, llega la Ley de Montes: el regalo que permite recalificar lo quemado. Lo que fue bosque termina siendo urbanización o campo de golf. Incendios que empiezan con una cerilla y terminan con un plan urbanístico
No son incendios naturales. Son políticos: recortes, abandono rural... El beneficio privado por encima del bien común. Y el bosque, convertido en ceniza
Con el cambio climático, cada verano será más largo, más seco y más letal. No cuidar los montes ya no es negligencia, es un suicidio colectivo. Y quienes recortan, miran a otro lado o legislan para recalificar, están firmando la sentencia de nuestros bosques… y la nuestra.