Carta a mi maestra de música:
Recién hoy empecé mis clases de cello. Regresé a la presencialidad. Cosa que tiene sus inconvenientes, como: me tengo que mover y salir de casa… jaja. En fin, hoy tuve un momento de conversar con mi maestra y lo preucupante que ha sido para muchas personas el haber perdido su trabajo por USAID y los decretos emitidos por Trump. Tema que ya he abordado en otros espacios y no era nada fuera de lo normal. (1/8)
Le comenté que muchas personas a mi alrededor han perdido su trabajo y cómo los efectos son terribles a largo plazo. Más allá del tema de laboral (que es terribles, pero nada comparado con las ondas expansivas que se derivan de todo esto).
En fin, la maestra comentó: “y es que eso de la diversidad ya no debería ser un tema”. Creo que en el momentito no lo entendí y creí que iba por la línea de que estamos ya a un cuarto del siglo XXI y debería ser un tema superado o algo por el estilo. (2/8)
Pero no, continuó con un “está por todos lados, ya debe parar, es lo que es y ya”. Hasta ese momento entendí para dónde iba esta conversación. A lo que sólo pude contestarle “pues es necesaria la representación, porque efectivamente es algo que es lo que es… pero se necesita información”. A lo que continuó diciendo: “pero yo no quiero que mis hijos estén involucrados, es que está en todos lados”. Me dejó perpleja. (3/8)
Y seguía “Luego todo el mundo va a estar probando de todo ¿Y a dónde vamos a parar?” A lo que inmediatamente le logré contestar con esto último: “Pues el único límite son los derechos de los demás, qué nos importa lo que hagan las personas… “ Quería agregar algo así como “mientras sean personas adultas responsables con toda la información”, pero no me dejó y nuevamente se quejó sobre sus hijos. Inmediantemante pensé “ah, el viejo #conmishijosnotemetas “. De hecho ya lo había olvidado. (4/8)
La plática no paró, yo le dije: “pues es importante, porque nuestras generaciones (ella tiene 8 años más que yo) no tuvimos suficiente información… e incluso me sorprende cómo ahora hasta la inteligencia emocional está siendo tratada como parte del curriculum educativo, algo que no tuvimos, y qué de haberlo tenido en buen tiempo quizá no estaríamos como estamos. Finalmente todo esto está relacionado con temas de género… “. Nuevamente me interrumpió y dijo: “ah, género!” (5/8)
Por el tono, supe que no era bienvenido ese comentario y que no estaba logrando llegar al punto. “Pues sí”, repliqué. “Ahora también el problema es que retrocederemos tanto que incluso los temas relacionados a la violencia contra la mujer pueden regresar, son grande atrasos los que se vienen en camino, aunque tengamos un gobierno más abierto a estos temas”. Nuevamente, con un tono de incredulidad me dijo “Eso ya no va a suceder!” Yo ya sólo suspiré. (6/8)
Tuvimos la clase y me fui a casa. Me quedé pensando, lo mucho que he avanzado en los temas de feminismo y cómo en la realidad muchas no logran ver sus derechos como luchas ganadas, cómo aún falta mucho por trabajar, cómo el silencio puede ser súper peligroso. Efectivamente, me alegra que la maestra ha tenido la suerte de que la heterosexualidad tocó a su puerta, que ella no tuvo que luchar por el lugar en el que está ahora dando clases del instrumento de sus sueños y que sea tan feliz. (7/8)
Lamentablemente esa no es la realidad de toda la población y mientras esa gran o pequeña porción no consiga ser feliz, pues estamos algunas personas trabajando para que no tengan por qué sentir miedo, no tengan que vivir violencia, no experimenten el rechazo o ser menospreciadas… no sé, son esas cosas mínimas que todas las personas tenemos derecho.
Y agradezco que me haya recordado que no estoy trabajando por gusto. Aún falta mucho. Definitivamente. (8/8)