Os voy a contar la historia de como la palabra influye en la realidad incluso sin provocar sus efectos en una persona, sino en el aire.
Esto empieza con Valeria, mi pareja y yo paseando a nuestros perros, Alma y Spirit, por los bosques cercanos a nuestra casa.
Pasamos por delante de un chalet robusto y bonito. Lucía cuidado pero antiguo. Alguien le hacía el mantenimiento pero sin llegar a vivir ahí. A personas me refiero, porque la casa está habitada por tres perros. ->

Uno de ellos tenía una horripilante berruga encima de su ojo derecho. ->

Era una berruga realmente fea, como un tumor negro y enrojecido que le dejaba parcialmente ciego. Además, los tres animales lucían desganados y melancólicos, con una pata en el pasado, donde probablemente vivían con personas que los querían y cuidaban.

Al cruzar delante suyo decíamos en voz alta que deberíamos cuidar de estos perritos, y nos quedábamos un tiempo con ellos, acariciándolos a través de la verja y dándoles algo de pan, o chucherías para perros.

Con el tiempo conocimos a la dueña de la casa. Nos relató que su marido había muerto y que por eso ya no quería ir a esa casa porque le traía demasiados recuerdos y se le hacía muy doloroso. Amaba a sus perros pero no podía llevarlos con ella pero espacio y tiempo.

Entonces la magia de la palabra continuó fluyendo y de conocer a la dueña casualmente pasamos a hablar con ella y ella a ofrecernos adoptar a sus perros. Aceptamos, por supuesto, aunque eso suponía cuidar de cinco perros entre dos personas.

Se puede decir que estamos bien, aunque vamos justos de ingresos y de tiempo tenemos ganas de ayudar y de compartir nuestro hogar.

Por el momento llevamos al perro enfermo con nosotros para cuidarle. Valeria le limpiaba la berruga con un mejunge que seca hasta caerse sola las berrugas. Y funcionó en varios pasos. Se secaba una parte, caía, sangraba un poco, le curábamos y repetíamos.

Con tan solo dos días la berruga ya había reducido su tamaño a la mitad y Red, así se llama el perrito, estaba recuperando la vitalidad.

Nos dijeron que lo habían traído al veterinario pero que no podían operarle la berruga y que requería cuidados intensivos para ir curándole bien.
Pero consideraban que no valía la pena debido a su edad. Sabemos que no hay malicia alguna en esas palabras... ¿Es el valor de la vida condicionado por su duración? Yo creo que no tiene porqué y que no se puede medir ni la duración ni el valor de la vida...
Ahora ya llegamos al presente. Donde tenemos a cinco perros hermosos y mucha comida por comprar.

También queremos llevar a Red al veterinario otra vez para que nos enseñen a cuidarlo mejor.
Tiene resequedades en las patas y en la nariz, caspa en el pelo y su berruga que aún no está curada del todo.

El amor por desgracia no llena la barriga y con nuestros ingresos llegábamos justos a final de mes, ahora se nos complica un poco...

Por eso pedimos ayuda, Valeria creó un Gofund donde podéis colaborar. Toda ayuda es maravillosa y más que bienvenida. Desde compartirlo, hablar de ello con tus amigos, colaborar con un euro o más... Muchas gracias por tu atención y tu apoyo.

https://gofund.me/946afb21

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@gofundme

Él es Red y cada día está mejor. Ayúdanos a que siga sanando y siendo más feliz.