De este señor me despedí el fin de semana. Hoy lo pusieron a dormir.
Se llamaba Otto, y era el perro de la finca de mis tías. Las acompañó por más de 10 años, y cada vez que mis hermanos y yo íbamos, él se moría de la dicha porque sabía que el plan era ir a consentirlo todo el día.
El bobo grande. El que se comía los aguacates del palo (palo que, además, sembró su papá). El que se iba por horas a charquear. El pana.
Qué vida sabrosa tuvo. Qué falta va a hacer en esa casa.

