El 4 de septiembre de 1886, en Estados Unidos, Jerónimo y su tribu se rinden al ejército estadounidense.
Bueno amigos, pues ni era jefe ni se llamaba Jerónimo, era indio, eso sí, más concretamente un chamán de los llamados apaches del Oeste o chiricahuas. Su verdadero nombre era Goyahkla («el que bosteza«) y nació en Arizona en 1829, aunque poco se sabe de él hasta 1858, año en el que un suceso trágico le marca irreversiblemente. Junto con un grupo de chiricahuas y sus familias, Goyahkla y los suyos salen del poblado hacia los asentamientos militares mexicanos cercanos a Sonora para comerciar de manera pacífica con los colonos allí asentados. Durante la ausencia de los hombres un grupo de militares mexicanos realiza una sangrienta incursión en el campamento apache, asesinando a cuantas mujeres, niños y ancianos encuentran a su paso. En la masacre, Goyahkla pierde a su madre, a su esposa y a sus tres hijos, por lo que no resulta extraño que ese mismo día jure venganza, ni que comience a oír a los espíritus pidiéndole que no deje sin castigo semejante atrocidad. Y eso hace. Goyahkla se convierte en leyenda tras infinidad de fugas imposibles, ataques y sabotajes perpetrados contra el ejército de México y los colonos mexicanos del norte de Arizona, a quienes aterroriza siempre que puede. Son muchas las veces que le hieren, casi tantas como las que las brigadas encargadas de darle caza le dan por muerto, pero siempre sobrevive, siempre se recupera para volver a escapar de quien quiere echarle de su tierra. Es en esta época cuando empieza a conocérsele por el sobrenombre de Jerónimo, puede que debido a los gritos de los mexicanos invocando a su patrón, San Jerónimo, mientras huyen de los ataques del indio. Una y otra vez le atrapan y una y otra vez se escapa en las mismas narices de los soldados, convirtiéndose en un auténtico quebradero de cabeza para el todopoderoso ejército de los Estados Unidos. Llegan a perseguirle hasta 5000 soldados norteamericanos y 3000 mexicanos, y los periódicos le convierten en el villano más temible y detestable de la nación. Pese a su condición de leyenda y líder militar, Goyahkla/Jerónimo no llegó a ser jefe de los apaches. Fue, eso sí, un respetado chamán al que se le atribuyeron poderes de adivinación, clarividencia e interpretación de los signos de la Naturaleza.
Bueno amigos, pues ni era jefe ni se llamaba Jerónimo, era indio, eso sí, más concretamente un chamán de los llamados apaches del Oeste o chiricahuas. Su verdadero nombre era Goyahkla («el que bosteza«) y nació en Arizona en 1829, aunque poco se sabe de él hasta 1858, año en el que un suceso trágico le marca irreversiblemente. Junto con un grupo de chiricahuas y sus familias, Goyahkla y los suyos salen del poblado hacia los asentamientos militares mexicanos cercanos a Sonora para comerciar de manera pacífica con los colonos allí asentados. Durante la ausencia de los hombres un grupo de militares mexicanos realiza una sangrienta incursión en el campamento apache, asesinando a cuantas mujeres, niños y ancianos encuentran a su paso. En la masacre, Goyahkla pierde a su madre, a su esposa y a sus tres hijos, por lo que no resulta extraño que ese mismo día jure venganza, ni que comience a oír a los espíritus pidiéndole que no deje sin castigo semejante atrocidad. Y eso hace. Goyahkla se convierte en leyenda tras infinidad de fugas imposibles, ataques y sabotajes perpetrados contra el ejército de México y los colonos mexicanos del norte de Arizona, a quienes aterroriza siempre que puede. Son muchas las veces que le hieren, casi tantas como las que las brigadas encargadas de darle caza le dan por muerto, pero siempre sobrevive, siempre se recupera para volver a escapar de quien quiere echarle de su tierra. Es en esta época cuando empieza a conocérsele por el sobrenombre de Jerónimo, puede que debido a los gritos de los mexicanos invocando a su patrón, San Jerónimo, mientras huyen de los ataques del indio. Una y otra vez le atrapan y una y otra vez se escapa en las mismas narices de los soldados, convirtiéndose en un auténtico quebradero de cabeza para el todopoderoso ejército de los Estados Unidos. Llegan a perseguirle hasta 5000 soldados norteamericanos y 3000 mexicanos, y los periódicos le convierten en el villano más temible y detestable de la nación. Pese a su condición de leyenda y líder militar, Goyahkla/Jerónimo no llegó a ser jefe de los apaches. Fue, eso sí, un respetado chamán al que se le atribuyeron poderes de adivinación, clarividencia e interpretación de los signos de la Naturaleza.