Tengo una colección de notas que son epístolas no enviadas. Siempre me encantó ese género, siempre lo cultivé con quien pude. Luego se fueron y me quedé yo con cartas que ahora escribo a nadie. A ti, en concreto, te dedico todos los días una: pienso en ella, la escribo, la releo, te siento dolido dentro de mí... Y luego la borro. Todos los días una. Siempre es diferente, porque cada día el dolor es distinto. Cada día recuerdo cosas distintas. Pero de fondo siempre estás tú...