Como dirían en Twitter, abro hilo.
La violencia física se convirtió en la norma.
Un día me pegó varias hostias después de yo preguntarle "si era de izquierdas o derechas", porque lo acababan de mencionar en la tele. Yo tenía cuatro años por entonces.
Otra vez que iba más cocida que todo, empezó a insultarme llamándome comemierda, y diciendo que era una desgracia de persona. Por entonces yo tendría eso, unos cuatro-cinco años.
¿Cómo recuerdo tan vívidamente estas cosas? Porque son ✨ traumas infantiles✨
Y la cosa no se queda ahí, no.
A medida que me iba haciendo mayor y yo tenía una opinión propia y la expresaba, se reprimía con violencia. Mi madre no toleraba que pudiese pensar por mí mismo.
Además, algo que también hacía mucho, era hacerme creer que toda la gente que se acercaba a mí eran malas personas que sólo buscaban hacernos daño y separarme de ella, que sólo había una persona buena en el mundo, y que era ella.
Ese pensamiento en ella sigue existiendo, se piensa que todos le desean el mal, cuando es ella quien hiere a quienes le rodean... excepto a mis hermanas, cosa curiosa de cojones.
En el colegio yo no era popular, era el típico empollón, y los demás críos se cebaron también conmigo, ya que no sabía defenderme, puesto que la violencia era ✨ lo normal en mi vida✨ y pensaba que me lo merecía, que estaba siendo mala persona.
Eso con seis, siete años. Tócate los huevos.
Mientras en casa me pegaban por expresarme y ser quien soy, en el colegio me pegaban por expresarme y ser quien soy.
¿Y quién era, os preguntaréis? Pues un crío que quería tener amigos y jugar, ser feliz y vivir. Simplemente quería vivir. Ser normal. No sufrir violencia de allá por donde mirase.
Esta violencia no acabó al acabar el colegio y empezar el instituto. Más bien fue a peor. Y en casa más aún.
Un día me dejé un papel que me dieron en el colegio, un documento necesario para pedir una ayuda. Lo dejé debajo de mi pupitre y no lo cogí al salir.
Cuando llegué a casa, mi madre, en vez de saludarme o lo normal, me preguntó si tenía el papel. Entonces me di cuenta de que me lo había dejado. ¿Su respuesta?
"¡Pedazo de cabrón! ¡Vete a la mierda!", seguido de objetos arrojadizos a mi cabeza y quedarme fuera de casa toda la tarde, llorando en el rellano.
✨Viva la vida✨
Luego empezó el instituto.
Cuando los chavales me veían se reían de mí y ya me daban collejas y puñetazos. Me vieron débil, carne de cañón.
Las palizas se convirtieron en la norma, día tras día, semana tras semana.
Moretones, hematomas, heridas.
Pero lo peor no fue eso, no. Fue el rechazo social de alumnos y profesores, igual que en el colegio. Porque los profesores también pueden hacee bullying, que nadie piense lo contrario.
Con doce años, en mi mente sentía dolor, sentía un sufrimiento sin precedentes, empezaba a tener pensamientos oscuros... estaba clarlo que no quería seguir viviendo. La depresión se apoderó de mí.
Fue entonces cuando me puse como objetivo sobrevivir a todo eso. No sé por qué lo hice, pero fue lo que me mantuvo vivo durante unos años más.
Los insultos y las palizas no cesaron, pese a que yo empecé a imponerme y defenderme. Aunque fue bastante inútil.
Pasados algunos años acabé la secundaria, y había conocido a una chica de la que me enamoré. Tuvimos nuestros altibajos, sobre todo porque no sabía expresarme ya. El dolor me había cerrado completamente, era una armadura incapaz de expresar aquello que sentía. Y eso hizo mucho daño en nuestra relación. Lo dejamos y volvimos múltiples veces a lo largo de los años. Ella me motivó a empezar a ir a un psicólogo.
Y eso empecé a hacer.
Pasé varios años yendo a terapia aprendiendo a expresar mi dolor y saber quién era realmente, poder ayudar a mi niño interior.
Esa chica de la que me enamoré me apoyó todo el tiempo, y siempre estuvo ahí por mí, pese a que le llegué a hacer daño con mi depresión.
Obviamente, a mi madre no le gustaba para nada esta persona, y hizo todo lo que pudo para separarnos... logrando precisamente lo contrario.
Durante años mi madre decía que mi pareja era una manipuladora, una caprichosa que sólo quería tenerme en su falda para servirla en aquello que necesitase.
Debo decir que nada más lejos de la realidad, esta chica me dio la independencia que nunca tuve, y me ayudó a crecer. Me ayudó a aprender a tomar mis propias decisiones en la vida, me ayudó enseñándome cómo expresar mis sentimientos y liberarme del dolor que tengo dentro.
Irónicamente, un día decidí, con mi propio dinero, ir a comprar ropa con mi pareja. Llegué a casa y la reacción de mi madre fue tirarme la cena a la cara por decidir algo por mi cuenta.
Literalmente.
Fue una escena patética de ver, y mucho más de vivir.
Otras veces me ha llegado a agredir lanzándome latas u objetos más romos a la cabeza.
Algunas veces llegó a acertar.
El dolor psicológico todavía es más fuerte que el físico.
Llegó el 2020, el año de la pandemia.
Decidí pasar el confinamiento con mi pareja. La misma con la que estuve des de que tenía quince años.
Todavía no entiendo cómo pudo confiar tanto en mí estos años, ni cómo sus padres aceptaron que me quedase durante todo el confinamiento.
Lo gracioso es que, des de entonces, no he vuelto a casa de mi madre.
Ese mismo año empecé a ver a un psiquiatra también, y empecé a medicarme para la depresión.
La medicación me permitió ser más objetivo con mi vida y mi pasado, ayudándome a resolver ciertos problemas que con sólo terapia tradicional no hubiese podido hacer.
Fui capaz de expresar todo mi dolor a mi madre, de decirle lo mala madre que ha sido siempre y el mucho daño que me ha llegado a hacer.
¿Su respuesta?
✨ Soy un mentiroso con mucha imaginación y víctima de manipulación de mi pareja✨
Cosa que no dudaba que pasaría, sinceramente...
En 2022 me pude independizar con mi pareja. Alquilamos un piso y empezamos a vivir solos.
Invité a mi madre a ver el piso, y sólo supo despotricar de éste y de todo lo que se le ocurría.
Fue entonces cuando tomé una decisión muy importante: cortar lazos con ella.
Lo divertido de todo esto es que mis hermanas apoyaban a mi madre en todo momento, haciéndome ver como un inútil, pero la cosa no acaba aquí...
Mis hermanas cuando hablaban conmigo decían entenderme y apoyarme, me daban la razón.
Cuando aparecía mi madre, todo eso cambiaba. Yo era el malo.
Y encima, descubrí que, por parte de padre tenía una hermana y un hermano más. Mi madre me lo ocultó intencionadamente hasta ser yo bastante adulto. Debo decir que esto fue otro motivo para querer empezar terapia.
Esta hermana confirmó lo que pensaba de mi padre: que era igual o peor que mi madre.
Qué bien.
Después de cortar lazos con mi familia, mis hermanas (de madre) empezaron a reprocharme mi decisión, alegando que nuestra madre estaba mal y triste, que ninguna entendía por qué hacía eso.
Les expuse todo lo que pensaba, y su respuesta fue o bien el silencio o bien negarlo todo.
Así que también corté lazos con ellas.
Si tienes a alguien tóxico en tu vida, lo mejor es echarle. Aunque haya un lazo biológico. Eso no significa una mierda.
Llegó mi 28 cumpleaños hace unas semanas y mi madre se puso en contacto con mi pareja.
Le dijo que no se arrepentía de nada de lo que había hecho conmigo de pequeño, y le dijo que "vivo en un mundo paralelo donde todos me quieren hacer daño".
¿Os suena de algo? Exacto.
Mi pareja dudó si contarme esto o no, por el daño que podría hacerme. Y debo decir que leer esos mensajes fue hasta sanador para mí. Ahí aprendí que el problema jamás fui yo, sino que era ella.
Ahora soy un adulto responsable, profesional y maduro, además de una persona graciosa y con la que tener charlas profundas.
Es más, mi pareja y yo nos hemos prometido y nos vamos a casar, lo cual era algo imposible e inconcebible para mí.
Ahora, soy la persona que quiero ser, soy feliz y me encanta vivir.
Aún me queda mucho camino por recorrer en cuanto a terapia, pero... siento que puedo salir de esto.