En veinte años hemos pasado de una red ilimitada donde se podía leer de todo sin pedir permiso a nadie a una red segmentada por muros de pago y donde el último imbécil en llegar ha puesto límite al número de tweets que podemos leer.
Es hora de que McFly vuelva a hacer de las suyas. Viajo al pasado, cambio un par de cosas y vuelvo.