FABIO MÁXIMO, EL ROMANO PACIENTE

Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator fue un patricio romano al que le tocó combatir en la I Guerra Púnica de joven y en la II de anciano.

Fue la persona a la que Roma envió a Cartago para declarar la guerra tras la toma de Sagunto.

Su nombre "Fabio Máximo" procede de sus antepasados, de importante linaje patricio que afirmaba descender del mismo Hércules. Sus dos apodos, por su parte, no eran tan atractivos: Verrucoso por una verruga que tenía en el labio y Cunctator "el que se retrasa"

El término de "Cunctator" se lo dieron sus enemigos para atacarle pero él lo aceptó como honorable, hasta el punto de que con el tiempo toda Roma lo consideraría un apelativo positivo, pero no adelantemos acontecimientos.

En el año 217 a.C., con Anibal en Italia infringiendo todo tipo de derrotas a las fuerzas romanas, el Senado empieza a desesperarse y toma la decisión de nombrar dictador a Fabio Máximo, tenía ya casi 70 años.

Pero en vez de enfrentar al enemigo, el dictador le persigue.

A donde va el ejército invasor le sigue el ejército romano, ocupando siempre las alturas para anular la superioridad de su caballería y atacando cada pequeño grupo que trata de conseguir suministros o forraje.

La guerra se convierte en un juego de movimientos en los que ambos bandos tratan de superar a su rival con ingenio, tendiéndole trampas una y otra vez. Ambos bandos casi lo consiguen en alguna ocasión, pero ninguno logra ninguna victoria significativa.

Pero esta táctica era demasiado extraña a los romanos y el descontento empezó a crecer entre estos. Lucio Minucio, Magister Equitum y por lo tanto, el segundo al mando, empieza a bromear sobre que Fabio les sube a las montañas porque no puede ascenderlos a las nubes.

En un momento dado, aprovechando un momento en el que Fabio no estaba en el campamento, Minucio llega a desobedecer las órdenes de su superior y provoca un encontronazo con las fuerzas cartagineses que resulta con una ligera victoria romana.

Las noticias de esta victoria llegan a una Roma harta de la guerra y la asamblea plebeya promueve una ley inédita con la que se obligaba a Fabio a compartir su poder de dictador con el magister equitum.

Cuando el mando estaba en manos de dos magistrados que no estaban de acuerdo en como llevar la guerra, la tradición romana ofrecía dos soluciones: Dividir el ejército en dos partes o mantenerlo unido pero cambiando el mando en días alternos.

Minucio, que en el fondo guardaba cierto respeto al anciano dictador, trata de endulzarle la situación ofreciéndole a este que decidiera que hacer al respecto. Fabio, con poca fe en la batalla contra Anibal, decide dividir el ejército para al menos salvar la mitad.

Minucio dirige su mitad del ejército y... como imagináis, es derrotado por las fuerzas de Cartago.

La derrota no es desastrosa porque Fabio, esperando este resultado, había situado su propio ejército para garantizar la retirada del ejército de Minucio.

Realizando cargas controladas contra las fuerzas perseguidoras, los de Fabio consiguen salvar la mayoría del ejército de Minucio.

Minucio, en un extraño gesto que le honra, será capaz de comerse su orgulloy tratar de "padre" a Fabio que le había salvado la vida.

Dicen que al ver al ejército de Fabio descender de sus montañas, Anibal dijo: "Ya os dije yo que esa nube pegada a la montaña un día descendería en forma de tormenta", lo cual hace pensar que Anibal estaba entendiendo la táctica de Fabio mucho mejor que los propios romanos.

Muchos romanos creyeron que la derrota procedía de la división del ejército. Por otra parte, el plazo dado para la dictadura de Fabio había terminado y se eligieron nuevos cónsules: Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón. El primero era de la cuerda de Fabio, el segundo no.

Nuevamente, los dos mandos no se ponían de acuerdo, pero en esta ocasión se decidió que el ejército se mantendría unido y el mando saltaría de un consul al otro en días alternos.

Se aproximaba la batalla definitiva y Roma juntó al mayor ejército que jamás había reunido.

Roma reunió la nunca vista cifra de 16 legiones (cerca de 100.000 soldados) para enfrentarse a unas fuerzas cartagineses que debían estar en torno a los 50.000.

Luchaban en Italia. Los romanos estaban mejor equipados. Eligieron el terreno más apropiado para sus tácticas...

... y fueron aplastados en Cannas, la mayor victoria que conseguiría en su vida Anibal.

Aquel día Roma se quedó sin ejército mientras los cartagineses apenas sufrieron bajas. El cónsul que no quería combatir murió en combate, el que sí, consiguió escapar.

En este momento, Roma entera se volvió suplicante hacia Fabio Máximo. Y durante unos años, todas las fuerzas romanas siguieron sus consejos, en parte por haber aprendido la elección, en parte porque Roma en ese momento tampoco podía volver a levantar otro gran ejército.

(sigue)

En 209, Fabio dirigirá su última campaña militar en la que consigue recuperar para Roma la ciudad de Tarento, el principal puerto que comunicaba a Anibal con Cartago.

Allí liberará a la guarnición romana que llevaba dos años bajo sitio en la ciudadela de la ciudad.

Su gobernador Marco Livio Macato afirmó que si Fabio Máximo había conquistado la ciudad había sido gracias a él, a lo que el viejo general respondería que era cierto: "De no haberla perdido él, yo nunca la habría recuperado."

A partir de aquí ya nunca volvería a mandar tropas y sus últimos años se ven ensombrecidos por su oposición a Publio Cornelio Escipión, el que sería el Africano, cuyos planes para dirigir la guerra le parecían a Fabio Máximo demasiado osados.

El tiempo le acabaría dando la razón a Escipión que sería el romano que por fin derrotará a Anibal, pero hay que decir que, efectivamente, para ello corrió unos riesgos terribles.

Fabio Máximo no llegaría a conocer la derrota de Anibal, pues murió en 203, un año antes.

Un grupo de socialistas del sXIX fundaron la Sociedad Fabiana que trataba de utilizar sus tácticas lentas pero seguras para instaurar el socialismo en Gran Bretaña.

Su organización acabó convirtiéndose en el Partido Laborista, pero esto es otra historia a contar en otra ocasión