Relato nº 16
El ángel se posó sobre la niña. Era un buitre luminoso a la espera de su turno. Eres mía, dijo. La niña no le oyó. Siguió jugando feliz en el patio del colegio. Ignoraba el peso del ángel de la misma forma que ignoraba su futuro. Yo sí vi al ángel, y le oí y pensé: Los ángeles nunca vienen solos… Al cabo de un segundo el cielo se cubrió de heraldos siniestros. Poco a poco fueron posándose sobre todos los habitantes de la ciudad. También sobre mis compañeros de clase. También sobre mí. ¡No, yo no soy tuyo!, le grité a mi ángel, y huí al patio a pesar del miedo, a pesar de las advertencias del profesor, a pesar de todo. Cuando llegué al centro del patio, cerré los ojos y pensé: Soy de Galileo. El terremoto destruyó la ciudad. #tootesceptico