Twitter, esa cosita.
Yo reconozco que le tengo nostalgias quinceemereas, pero ese twitter prebots ya no existe. También le agradezco el haberme dado a conocer a gente estupenda, pero eso me pasa también con bares como el Gris, el Atxuri o el 666.
Sin embargo este derrumbe magnífico me tiene encandilada. Os voy a explicar qué es lo que estoy disfrutando.
Twitter pasó de ser el centro neuralgico de la coordinación de movimientos vinculados a las luchas sociales, animalistas y medioambientales a ser una placa de petri del incelismo más acomplejado, los neofascismos y la miseria ancap escupida por los think tanks trumpistas y el evangelismo new born.
El algoritmo de Twitter, junto al de Youtube, Instagram y más tarde TicToc han sido los principales promotores del auge de lo más asqueroso de la red, la sociedad y la política nacional e internacional. Un aspersor de mierda ideológica lobotomizante a la que le debemnos cosas como ese 25% de jóvenes españoles que se declaran abiertamente racistas y xenófobos. Y no les da vergüenza. Y obviamente, a sus padres.
Parte de esto venía de una exaltación hasta lo divino de una serie de “extravagantes billonarios” que, sin embargo, apenas veíamos más que en notas de prensa y eventos perfectamente diseñados, pulidos y afinados para hacernos pensar que algo tendrían. Y claro, durante mucho tiempo, además de los palmeros de las redes, la Forbes, el NYT y el telediario de TVE1 decían que “Elon Musk era un genio irreverente” y que el capitalismo era el mejor de los sistemas posibles. Y el más “humano”.
Pero el mismo Elon Musk ha roto la cuarta pared, ha aparecido enseñando en público sus técnicas empresariales y sus habilidades negociadoras que, básicamente son, ser rico de casa y reaccionar como un chimpancé tirando caca con la mano cada vez que percibe un estímulo. El genio irreverente es un niñato imbécil que no valdría ni para cargar cajas si su padre fuera el tuyo y no un esclavista de la minería de piedras preciosas.
@LLAVES Lo mejor que ha hecho twitter es demostrarnos que se puede llegar a ser doctor en economía, jefe de opinión de un periódico o el hombre más rico del mundo sin saber leer una gráfica.