En la partida de ajedrez de hoy, cuando mi adversario me daba su nombre para la planilla, le pedí que me repitiera un apellido porque había oído mal:

-Él: El segundo, "Lana"

-Yo: "Lana", como la lana? como la de las vacas?

-El [tras un instante de estupor]: Ovejas.

Yo: Eso.

Bastante bien me fue con sacar unas tablas, a la vista de que mi nivel de confusión mental un minuto antes de la partida era "pensar que las vacas dan lanas".