Cuando hace poco se propuso por parte de algún gobierno regional que todos los agentes de las fuerzas de seguridad llevaran, como parte de su equipamiento, una cámara subjetiva para registrar todas sus intervenciones, me llamó la atención el entusiasmo al respecto en las declaraciones en televisión de dos representantes policiales; sobre todo las de uno de ellos que calificó las imágenes que esas cámaras habrían de registrar como "el evangelio". El evangelio.
Es imposible no tomar con suspicacia un entusiasmo tan hiperbólico, porque es evidente que se debe a la confianza de que las imágenes grabadas con esas cámaras siempre serán una prueba favorable para los agentes en los casos en que su actuación o comportamiento pueda ser sancionable. Pero ¿en qué se basa esa confianza absoluta en que el testimonio de las grabaciones siempre favorecerán al policía? Desde luego no en la experiencia, pues indiscutiblemente los abusos policiales se dan y se darán.
Parece que la confianza se basa que en toda dilucidación judicial esas imágenes prevalecerán sobre cualquier otra que no provenga de los agentes, siendo cada vez más difícil que, con el uso generalizado de los móviles, no haya imágenes "alternativas". Esto es muy problemático si se piensa en las imágenes grabadas por este tipo de cámaras, que todos hemos visto, como las que a menudo salen en las noticias de la policía americana. Recuerdo las de la cámara de un policía de NY que había acribillado