Mi primer recuerdo es el sabor de una aceituna rellena de anchoa. Mi abuelo me la daba mojada con vermut en un bar de la calle Neopatria, en el barrio de Sant Andreu.

Es mi avatar. Fue guardia de asalto republicano y se exilió al final de la guerra, y estuvo en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. Finalmente volvió, aunque siempre estuvo fichado por la dictadura.

Encontré su ficha político-social en el archivo de memoria histórica. Aquí está:

http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/12391148

#LosAlmeida

Ficha de Pedro Almeida Sanchez

Centro Documental de la Memoria Histórica, DNSD-SECRETARÍA,FICHERO,2,A0047316

PARES

Mi madre nació en 1938, durante los últimos bombardeos sobre Barcelona. Cuando mi abuelo tuvo que exiliarse, mi abuela y mi madre recién nacida recorrieron España en tren hasta el pueblo de mi abuelo. El problema es que mi abuela había estado sindicada en la FAI, así que imaginen la convivencia de la anarquista en un pueblo lleno de camisas viejas.

Mi madre no volvió a Barcelona hasta 1962. No recuerdo el viaje, pero debió ser muy cómodo, porque yo iba dentro de ella.

#LosAlmeida

Estuve a punto de nacer en una mina de wolframio muy cercana a Don Benito, pero mi madre se asustó porque empezaron a nacer niños sin ojos. Así que nos fuimos para Barcelona, donde vivían mis abuelos en una casa de la calle Vallés, sobre una vaquería.

Nací en la Maternitat de Barcelona. Tardé algo así como dieciséis horas, y pesé casi cinco kilos.

#LosAlmeida siempre hemos sido muy pesados.

Me vienen todos estos recuerdos porque estoy a punto de superar la edad a la que murió mi abuelo.

Me he pasado 60 años recorriendo España de punta a punta. Creo que #LosAlmeida han dejado una zanja de tanto viajar hacia el mismo sitio en Extremadura, hasta una casa donde encontré el viejo retrato de mi abuelo.

Miro su foto y lo veo reír, mucho más viejo y más gordo. Y le hago cantar, y se vuelve a reír.

Para él, criado en un pueblito de Extremadura, Barcelona era como Nueva York.

Escribo de memoria lo que me contaron hace muchos años personas que ya no están. Es posible que algunos recuerdos solo sean sueños, fragmentos incompletos de historia oral que el tiempo ha rellenado a su manera.

Iré contando según me vuelvan los recuerdos, no les garantizo cuándo ni cómo, pero lo intentaré al tiempo que rescato del olvido viejas fotografías.

Mi siguiente recuerdo es un caballo -o mulo- en Sant Andreu. Llevaba anteojeras y arrastraba un carro de leche.

#LosAlmeida

Desde la terraza de mi abuela se veían las vacas. Allí también estaba un gato que se meaba en mi cuna, celoso por haberle quitado el cariño de su dueña.

Recuerdo un teléfono de baquelita, del que presumía orgulloso mi abuelo, que durante un tiempo fue el único Almeida de la guía telefónica.

Quizás también tenía celos mi tío Fernando, 17 años, al ver que su madre se convertía en mi abuela a tiempo completo. Aquí nos tienen, tío y sobrino, muchos años antes de fundar el despacho.

#LosAlmeida

Muchas de las historias que voy a contar las oí en una mesa camilla, al calor del brasero de picón. Y las cuento tal como las recuerdo.

Saltaré continuamente de época, adelante y atrás, según venga el recuerdo.

Me acuerdo de un caballo de juguete, que al principio me dio mucho miedo. El tatano, lo llamaba. Y de un helicóptero, el cóscoro.

También me acuerdo de dos diabluras que hice de muy pequeño. Una con un lápiz rojo y otra con unas tijeras.

#LosAlmeida

Con un lápiz rojo que se dejó olvidado un carpintero, pinté un mural en la pared blanca del dormitorio de mis padres. Y se lo enseñé todo orgulloso, sin entender por qué gritaba tanto mi madre.

Peor fue lo que hice en la ferretería de mi tío abuelo. Cogí el fichero con separadores donde guardaba los documentos importantes, y corté todas las letras para jugar con ellas. Fue mi primer encuentro con la censura: querer juntar letras formando palabras me costó una paliza.

#LosAlmeida

Por si no había quedado claro con mi primer recuerdo, mis primeras palabras despejan cualquier duda: dije 'tero fifón', al tiempo que regaba a toda la familia. El vermut de bodega con sifón era un sacramento en muchos barrios, y aún lo sigue siendo.

Aquí me tienen con mi yaya Paca y mi yayo Pedro, al que pronto dejé de ver. Él no llegó a los 60 que yo cumplo en dos días.

A partir de entonces aquella vieja anarquista se convirtió en mi heroína. Lo conté en una redacción infantil.

#LosAlmeida

En los años 60 y 70 las pruebas psicológicas de los colegios consistían en preguntar a las madres. Aquí tienen lo que respondió la mía sobre mi carácter. Reacción al castigo: sofoco soberbio, como Pepe Sopalajo de Arriérez y Torrezno.

Astérix en Hispania se publicó por aquellas fechas.

#LosAlmeida

En alguna fecha remota de los sesenta nos fuimos a vivir a un piso alquilado en el Guinardó. Recuerdo haber estado en el antiguo campo del Europa, y supongo que allí se tomó esta foto.

#LosAlmeida vivimos rápido y duramos poco, para gran alegría del Estado, que se ahorra pensión. Le conseguí una a mi madre y la disfrutó muy poco tiempo.

En aquellos años yo solo era el hijo de la Pili, y en mi pueblo lo sigo siendo. También me llaman El Catalán.

Aquí mi madre, aquí el clan del mastodonte.

Tenía unos hermosos rizos rubios, pero de tanto retorcerlos me provoqué una calva, así que me raparon al cero.

Tuvieron que pasar 60 años para que un imbécil como Elon Musk me considerase peligroso. Normalmente solo era un peligro para mí mismo.

https://twitter.com/safety/unsafe_link_warning?unsafe_link=https://mastodon.social/@bufetalmeida

#LosAlmeida

Cuando eres pequeño todo te da miedo. Sobre todo lobos y monstruos. Me dijeron que los lobos estaban en la montaña, pero era una vulgar cantera en Montcada. Lo del monstruo era más serio: no me atrevía a mirar bajo la cama.

Los mayores me decían que cuando creciese se me quitaría.

Mentira. Vinieron otros miedos: perder el amor, el trabajo, el dinero...

Los yayoflautas me dijeron que no tenían miedo ni a la policía. Y que se me pasaría a los 60.

Mentían. Sigo teniendo miedo.

#LosAlmeida

No recuerdo la primera vez que lloré, pero sí la última.También recuerdo la primera vez que lloré en un cine. Fue al final de Espartaco.
Me impresionó la frase con la que todos se autoinculpan. ‘Yo soy Espartaco”, como Fuenteovejuna. Ecos de esa frase llegan hasta el 15M, una revolución sin cabezas que cortar.
En una tertulia un magistrado dijo que las calzadas romanas marcaban la llegada del Estado. Le respondí que lo que marcaba hasta donde llegaba el Estado eran las crucifixiones.
#LosAlmeida
La culpa.
Recuerdo perfectamente mi primer delito, o pecado, o lo que sea la primera maldad por la que un niño de 4 años se siente culpable.
Robé plastilina en el parvulario. Nunca me castigaron por mi crimen, solo por dejar mi casa llena de manchas de aquella pegajosa sustancia.
Nunca confesé, ni siquiera cuando nos preparaban para la primera comunión.
Hoy sé que no fue robo, sino hurto, y que un niño de 4 años es tan inimputable como el rey emérito.
Pero me sigo sintiendo culpable.
#LosAlmeida

@bufetalmeida maldito sentimiento de culpa, que nos inculcan desde pequeños... Si no tienes plastilina, o lo que sea, y la necesitas de verdad, lo normal es cojerla...

Eso sin entrar en el tema de la propiedad privada (es tan sencillo el "cada cual aporta lo que puede y cada cual obtiene lo que necesita" que la única razón por la que no se aplica es una minoría egoísta que se siente mejor si tiene más que los demás, desde tiempos inmemoriales, básicamente 😕)