No merezco un vocativo
mi nombre no tiene causa
mi nombre no tiene pausa
ni poder infinitivo.
El dolor definitivo
es el que hiere el orgullo
pues se siente como tuyo
se disfraza de camisa
en la piel se mimetiza
persiste como murmullo.
Persiste como murmullo
como zumbido latente
como distancia aparente
como ceguera de orgullo.
Yo que guardo el nombre tuyo
no merezco un pensamiento
mucho menos sentimiento;
soy una gota en la arena,
un minuto en la faena
soy un presagio en el viento.
Soy un presagio en el viento
que dura mientras se siente
que se vuelve transparente
y acaba como tormento.
Ay, mi nombre es un lamento
un lamento desolado
un recuerdo trastocado
que se confunde con otro;
aguanta, corazón roto,
vocativo equivocado.