En muchos sentidos estoy disfrutando la caída de Tuiter.

Además de haber sido colonizado por empresas, se había convertido en un pozo de odio, alimentado por bots y agitadores generosamente financiados por el neofascismo internacional.

Que sea el gran gurú del tecnofeudalismo (emparentado con los anteriores) quien lo destruya es hasta poético.

También me parece precioso ver como el hombre más rico y narcisista del mundo, supuesto genio de los negocios, destroza la empresa en dos semanas por sus caprichos y sus abusos hacia los trabajadores.

Obviamente, si finalmente la hunde del todo perdiendo los 44.000 millones, voy a disfrutar mucho.

Y aún más si eso lleva a que se derrumbe como un castillo de naipes su emporio empresarial, sustentado únicamente en su capacidad para vender humo.

Pero por otro lado, también me da un poco de pena. Me gustaba imaginar aquello como una "plaza del pueblo digital", un ágora global, aunque solo fuera una primera aproximación.

Nunca tuvo el potencial para serlo realmente, porque un espacio de debate público no puede ser privado.

Espero que saquemos colectivamente un aprendizaje de aquello. Estamos empezando en esto de un mundo globalmente conectado, aún queda mucho camino por recorrer.

El formato de esta red no está enfocado a eso, al estar compartimentado en instancias.

Pero su naturaleza libre permite que evolucione según el rumbo que marquemos los usuarios, en lugar de los intereses del capital.

Así que de nosotros depende construir un espacio de comunicación y debate sano y constructivo, si eso es lo que queremos.