Hola miguelitos de la roda, para este nuestro primer #hiloturbiochungo mastodóntico os traigo una de esas batallas llenas de absurdez y gente matándose por causas que no tienen ni pies ni cabeza. En este caso, porque alguien (dicen) robó un cubo. Esta es la historia (o más bien la leyenda) de la Batalla de Zappolino.
Nuestra historia se enmarca en el conflicto entre güelfos y gibelinos, que para simplificar MUCHO (pero mucho) diré que eran dos facciones de las ciudades estado italianas enfrentadas por su apoyo al Papa y al Emperador del Sacro Imperio, respectivamente.
Entre las ciudades que apoyaban a los güelfos estaban Génova, Perugia, Orvieto y Bolonia, mientras que entre las que apoyaban a los gibelinos estaban Pisa, Urbino, Pavía y Módena. Y el sarao que va a liarse tiene por protagonistas a las últimas de ambas listas, Bolonia y Módena.
Si echáis un ojo a un mapa, veréis que Módena y Bolonia están muy juntitas. Tanto que de hecho en la época de nuestro pifostio ambas ciudades marcaban la frontera entre los territorios güelfos y los gibelinos. Y eso, como podéis imaginar, hacía que las cosas estuvieran TENSILLAS.

Durante todo 1325 las escaramuzas entre ambas ciudades habían sido constantes: que si ahora entro y te arraso el territorio durante dos semanas, que si luego vienes tú y me asaltas un castillo y matas a los castellanos… ya sabéis, ese tipo de cosas.

Y precisamente con el asalto al susodicho castillo, más concretamente la Rocca di Monteveglio, en Bolonia, nos plantamos en noviembre de 1325, momento en el que se desata lo que la historia conoce como la Guerra del Cubo de Roble.

A partir de aquí hay dos versiones de lo que pasó: la puramente histórica (que es la buena, pero también más aburrida) y la legendaria, que es la que te explican cuando vas a Módena. Y por motivos obvios, yo voy a explicar la segunda.

Según la leyenda, una noche de principios de noviembre de 1325, un grupo de aguerridos modeneses con ganas de bronca se coló tras las las murallas de Bolonia. Podríais pensar que se dedicaron a matar gente o a incendiar casas o a hacer cosas nefarias en general, pero no.

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ROBARON EL CUBO DEL POZO DE LA PLAZA.

Una vez hubieron cometido tan atrevido latrocinio, los alegres muchachos se volvieron a Módena llevando el cubo en la punta de una lanza en plan estandarte y lo dejaron expuesto en el palazzo comunale (lo que venía a ser el ayuntamiento) para echarse unas risas.

Cuando los boloñeses descubrieron el robo del cubo exigieron con palabras muy gordas que el consistorio de Módena lo devolviera. Y bueno, a los modeneses les entró la risa floja y les dijeron que ya si eso otro día. O a lo mejor nunca.

En Bolonia la negativa a devolver el cubo sentó regulinchis, así que decidieron resolver el conflicto de una forma civilizada y tranquila: enviando 30000 soldados de infantería y 2500 de caballería a Módena para pedirles amablemente que devolvieran el preciado balde.

Los modeneses tenían un ejército bastante más modesto, apenas 5000 soldados de infantería y 2000 de caballería, pero allá que se fueron a enfrentarse a sus enemigos por ver quién se quedaba con el cubo de marras.

El 15 de noviembre, los dos ejércitos se encontraron en Zappolino, una pequeña población que hoy forma parte de Valsamoggia, dentro del área metropolitana de Bolonia.

Y contra lo que pueda parecer, a pesar de la inferioridad numérica, los modeneses tardaron solo DOS HORAS en darles la del pulpo a los boloñeses, que tuvieron que salir corriendo hacia casa compuestos y sin cubo mientras los modeneses los perseguían dándoles cera.

Y así fue que terminó la Guerra del Cubo de Roble: con casi 3000 muertos (la mayoría boloñeses) en poco más de dos horas por un quítame allá ese cubo. Cubo, por cierto, que podéis ver todavía hoy expuesto en la Torre della Ghirlandina, el campanario de la catedral de Módena.

Aunque la historia de la batalla de Zappolino era conocida, la leyenda del robo del cubo no se hizo popular hasta 1622, cuando el poeta Alessandro Tassoni (modenés él) publicó ‘La secchia rapita’, un poema satírico que cuenta la versión que hemos explicado aquí.

El “poema heroicómico” de Tassoni fue adaptado a la ópera dos veces, una en 1772 por Antonio Salieri y otra en 1910 por Giulio Ricordi. Y según dicen fue la inspiración del poema narrativo ‘El rizo robado’, de Alexander Pope, en 1712.

El conflicto entre güelfos y gibelinos se alargó hasta el siglo XVI, cuando nuestro amigo Carlos V (aka CARLOSPRIMERODESPAÑAYQUINTODALEMANIA) invadió Italia e impuso el poder imperial a lo bruto. Después de eso, la división fue quedando cada vez más obsoleta hasta desaparecer.

Y hasta aquí nuestra historia de cubos robados, enemistades centenarias entre ciudades y guerras absurdas que terminan francamente mal porque alguien tiene una idea peregrina. Recordad, cuquis: robar está feo.

Espero que os haya gustado. Otro día, si os portáis bien, os cuento la historia de cuando al capitán de un barco victoriano se le fue la castaña de tal manera que acabó matando a media tripulación para que no se le amotinasen.

THE END

Bibliografía:

-La battaglia di Zappolino e La secchia rapita, Vittorio Lenzi
-Battles of the Medieval World, 1000-1500, Kelly DeVries
-Guelphs & Ghibellines: A Short History of Mediaeval Italy from 1250-1409, Oscar Browning

@Wurtz3l No se si lo habías pensado, pero tranquilamente puede ser una guerra de Mundodisco.
@psicochugo No se me había ocurrido, qué cosas.