Ante la posibilidad inminente del fin del mundo pienso en como puede algo sobrevivir, pervivir mas allá del perecer, y lo único que me brinda la imaginación es el eterno movimiento entre el ser y el no ser, esta consideración me pone en un estado de estremecimiento y quietud: un profundo pesimismo invade mi cuerpo; estar enfermo es un descubrirse impotente ante algo que no permite la potencialidad del fluir del cuerpo, y el presente es como ese atasco en que se encuentra mi propia imaginación.