Es imposible que la oposición no vaya a intentar capitalizar las manifestaciones de hoy.
Razón de más para que sean los propios sanitarios los que sean más insistentes en que los protagonistas son ellos, no los políticos.
Recordemos: la clave aquí está en que los ciudadanos confían en el personal médico, BASTANTE más que en los políticos.
Es una paparruchada pensar que un movimiento así es (o puede llegar a ser) "apolítico".
Su fuerza es que sea apartidario. Que el objetivo no sea "derrocar al PP", sino que el PP asuma que sus recortes y reformas han llegado al límite de lo que la ciudadanía espera de su sistema sanitario y que todo movimiento a partir de ahora tome la dirección contraria.
Consolidar ESA idea sería el verdadero triunfo aquí.
De nuevo, una idea que he dicho antes, pero no aquí.
El thatcherismo es el juego de la jenga: vas quitando piezas y pierde el que echa el edificio abajo.
En el caso de la sanidad pública, está el hecho de que en un mundo con covid las exigencias son, de base, superiores a las que había en 2019.
Esto es un movimiento político importante y puede mejorar la calidad de vida de la gente. No se puede desperdiciar.
Díaz Ayuso parece haber asumido que la crisis de la sanidad era un problema partidario y no político. Ha ayudado el hecho de que la que (teóricamente) es la líder de la oposición en Madrid venga de los sindicatos sanitarios.
Hoy ha sido una demostración de que es un problema político y no partidario y que hay gente que votará al PP por cualquier otra cosa, pero que está en desacuerdo con la situación.
Dudo que Díaz Ayuso sea capaz de apreciarlo. Como Liz Truss, está embebida de la mitología thatcheriana de que las dificultades se superan siendo más dura que los duros y envidando más.
En esto va a encontrar reticencias en el propio PP. Hay que tener en cuenta que la tradición del conservadurismo español es estatista y asistencialista. El franquismo se enorgullecía de los hospitales de la Seguridad Social.
Además, insisto: yendo a por los médicos está atacando a un colegio profesional, un animal muy distinto que un sindicato, especialmente para un Gobierno de derechas.
Díaz Ayuso tiene tiempo de rectificar, la pregunta es si tendrá el pragmatismo para hacerlo.
Mientras, la oposición no puede, no debe entusiasmarse. Sus problemas no se han desvanecido de la noche a la mañana.
Las elecciones no se ganan con estar en contra de algo: también hay que estar a favor.