Puede que no tengan muy clara ni su propia teoría, pero lo que si tienen muy claro es la necesidad de mostrar su alejamiento y rechazo al socialismo científico, al socialismo marxista-leninista, que sería para ellos una especie de engendro vertical y antidemocrático, muy distinto a su socialismo que sería más democrático y humano.
Como si el socialismo necesitara apellidos, el socialismo ya es democrático de por sí, el socialismo de Lenin y Stalin ya era democrático para las amplias masas de por sí, sin necesidad de ponerle el apellido democrático. Se creen que están innovando algo, ya el revisionista Bernstein hablaba de socialismo democrático y lo único que pretendía era el mantenimiento del capitalismo.
Su socialismo del siglo XXI acoge en su seno un popurrí de referentes difícil de digerir para alguien con un mínimo de cultura, su pensamiento se basa principalmente en “ideas” de los libertadores de América latina y cogiendo de aquí y de allá referentes puntuales hasta nuestros días. Entre los principales dirigentes se encuentra gente de la calaña de Bolívar, Sucre, Fidel Castro, Trotsky y Jesucristo.
Cómo es posible que la base teórica del socialismo sean personajes históricos que en el mejor de los casos son liberales burgueses u oligarcas como Bolívar y que su pensamiento suponga un avance por encima de los aportes de la revolución de Octubre, que es muy posterior a ellos.
Sólo la ciencia del marxismo-leninismo y la implantación consecuente de la dictadura del proletariado puede salvaguardar los intereses de la clase obrera e impedir los intentos de restauración del capitalismo. Todo lo demás no son más que quimeras idealistas.
Parten de la base de que la cuestión de la propiedad no es vinculante a la consecución del socialismo, en otras palabras, no apuestan por la socialización de los medios de producción, por la eliminación de la propiedad privada.
“El dogmatismo del discurso de los años treinta que confunde el problema del socialismo con el problema de la forma de la propiedad”. – Rafael Correa reproduce el pensamiento de Dieterich, en el Foro Internacional Socialismos del siglo XXI (Quito, agosto de 2007) calificó como insostenible la eliminación de la propiedad privada.
Qué quiere decir esto: Pretenden implantar el socialismo no como una conquista del poder por parte de la clase obrera con la consecuente destrucción de todo el orden burgués, lo pretenden hacer es pequeñas adaptaciones, reformas desde la superestructura del estado capitalista sin destruir ésta, e implantando una nueva con la que poder realizar medidas en la base de la sociedad, en la estructura económica. Pretenden instaurar el socialismo desde el capitalismo, desde la base económica capitalista
Los apologistas del socialismo del siglo XXI hablan de democracia participativa, que para ellos es sinónimo del propio socialismo del siglo XXI, no queda muy claro que es para ellos la democracia participativa, exceptuando explicaciones insulsas de qué es que el pueblo participe activamente en la toma de decisiones, poco más dicen al respecto, cuestión que tampoco aporta mucho a esclarecer qué es realmente.
Lo que si tenemos claro es su afirmación de que en Venezuela ya hay democracia participativa, cosa que según ellos les va a llevar prácticamente a la no necesidad del estado con su desarrollo. Por lo tanto para ellos la democracia participativa, el socialismo del siglo XXI es aquella en la que se permite la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre, pero con más derechos para las clases humildes, que además pueden participar en referéndums para decidir ciertas cuestiones.
Pero he aquí la gran pregunta: ¿Qué avance supone esto frente a los socialdemócratas que gobiernan y mantienen el estado del bienestar en los países nórdicos? ¿En qué se diferencia esta democracia participativa de la apuesta de Bernstein o del eurocomunismo? ¿De verdad piensan que van a engañar al mundo haciendo pasar esta aberración “socialista” por socialismo? Creo firmemente que no, que es una cuestión de tiempo desenmascarar esta farsa.
Otro gran pilar de este socialismo del siglo XXI es la apuesta por instaurar un estado no-clasista, como si eso fuera posible, el estado es el producto de la contradicción antagónica entre las clases sociales, no puede existir un estado no clasista, es una aberración y una incongruencia afirmar tal cosa, solo un necio o un embaucador podría afirmar esta cuestión e intentar inculcarlo en las masas.
Esta necedad del estado no clasista tampoco representa nada nuevo, ya se desarrolló con otro nombre cuando los revisionistas soviéticos que destruyeron el socialismo en la URSS apostaron por el gobierno de todo el pueblo. Y ya sabemos cómo acabó, de la misma forma que va a acabar la situación en Venezuela sino se hace algo pronto.
El socialismo del siglo XXI defiende la existencia de la propiedad privada, su apuesta económica no es el socialismo, es el desarrollismo Keynesiano, nos lo quieren pintar de rojo pero lo que ellos han construido no es socialismo, sino es capitalismo disfrazado.
Aquí muchos teóricos de internet clamarán al cielo poniéndome de vuelta y media, recordándo que en la URSS la propiedad estatal convivió con la propiedad privada, y que miremos el ejemplo de la NEP. 
La primera diferencia de la URSS con Venezuela es que en la primera es la clase obrera la dominante, ha pasado de ser la dominada a ser la dominante, ha implantado su dictadura y todas las acciones se realizan para acabar con el capitalismo.
Ahora bien, al principio es verdad que hay convivencia con otras formas de propiedad e incluso convenios con capitalistas, porque el nuevo estado no tiene aún la capacidad tecnológica y científica para desarrollar las fuerzas productivas, pero una vez adquirida (todos los esfuerzos van en esta dirección) esta cohabitación va reduciéndose hasta ser prácticamente eliminada. 
La NEP es el mejor ejemplo, en cuanto se tuvo la capacidad de desarrollar las fuerzas productivas se acabó con la NEP. La NEP es una fase de recrudecimiento de la lucha entre el capitalismo agonizante, y entre el floreciente socialismo, en el que la victoria es marcada por si la clase obrera, se convierte realmente en la clase dominante. Hecho, que vuelvo a repetir no ocurre en Venezuela.
Esta fase tiene un carácter temporal limitado, y relativamente corto. Los bolivarianos y los castristas no hacen más que justificar su política capitalista, argumentándose en la NEP, pero lo que no pueden entender estos revisionistas, es que lo que marca la diferencia entre la NEP y su proceso, es el carácter cualitativo de quien es la clase dominante.
Otra cuestión muy distinta es lo que pasa en Venezuela, la clase obrera no tiene el poder, las relaciones de producción son las capitalistas, no hay ningún plan de desarrollo para dar las condiciones para el desarrollo de las fuerzas productivas, incluso al contrario, están contrayendo relaciones de dependencia con China y Rusia. No se puede comparar la situación de Venezuela y la URSS salvo para dejar en ridículo a los defensores del socialismo del siglo XXI.
Por supuesto la toma de poder solo puede ser por las elecciones, la guerrilla, la lucha armada (más allá de la defensa del estado en el que han “tomado” el poder), ya no tiene sentido debido a la urbanización de América latina y al desarrollo de la tecnología. 
Otra estupidez metafísica de estos autores que no tienen en cuenta las condiciones de cada sitio ni tienen en cuenta que la tecnología no solo la tiene el estado, y que el hombre se puede adaptar también a ese avance de la tecnología, sino que le pregunten a Turquía y al DAEH qué tal les va con los kurdos.
Otra cuestión para rechazar la lucha armada para estos señores es la imposibilidad de un desarrollo nacional independiente. Va a haber que recordarles a estos señores que las épocas de las grandes revoluciones son las grandes épocas de crisis en las que el imperialismo no tiene la misma capacidad de actuación que en una situación sin crisis, por ejemplo la revolución rusa; esta habría sido imposible si no se hubieran dado las condiciones materiales que proporcionó la I Guerra Mundial.
Además, hay que tener en cuenta también que para estos señores el uso de la violencia es solo la lucha guerrillera, cuando esta debe ser combinada, dependiendo de las circunstancias, con la insurrección armada, que en la mayoría de los casos es la forma principal para tomar el poder, incluso sin lucha guerrillera, ya que esta puede no ser necesaria.
Por si no fuera poco, en su socialismo la hegemonía no pertenece a la clase obrera sino a una supuesta comunidad de víctimas del capitalismo neoliberal, siendo claros, a la pequeña burguesía y a la burguesía nacional no vendida al imperialismo norteamericano a la que representan. Sus posicionamientos son antagónicos a los del socialismo científico.
En sus delirios anticomunistas y pequeño burgueses llegan a desechar la construcción del socialismo en un solo país, desechando los aportes de Stalin en el desarrollo de la URSS. Lo enfrentan con conceptos posmodernos y reaccionarios muy cercanos a la alterglobalización, conjunto de presupuestos idealistas que afirman que otro tipo de globalización es posible y lo único que hacen es desmovilizar y quemar a las masas haciéndole el favor a la reacción y al imperialismo.
No se dan cuenta que la cadena del imperialismo se romperá por su eslabón más débil y no porque un país esté más o menos desarrollado, que una vez que se tome el poder en un país este tendrá que enfrentarse a toda la reacción mundial, enfrentamiento del que solo puede salir victorioso con el apoyo del movimiento obrero de todo el mundo, es decir, del movimiento obrero de los propios países capitalistas. 
Que la revolución se dará primero en un lugar, donde las contradicciones son más agudas para luego extenderse, que es imposible la revolución simultánea en todo el mundo debido a la ley del desarrollo desigual en el capitalismo y a la correlación de fuerzas en la lucha de clases.
Apostar por la defensa de la construcción y desarrollo del socialismo en un solo país no significa que la revolución no sea intenacional y que haya que extenderla, significa que es imposible hacerla a la vez, que hay que tener en cuenta la correlación de fuerzas, las condiciones materiales para avanzar firmemente hacia la victoria y no hacia una derrota total.
Stalin acertó en su defensa de la construcción del socialismo en un solo país, la historia demostró que la consolidación y fortalecimiento de la experiencia soviética sirvió para el desarrollo de la lucha de clases de forma internacional, permitiendo que se desarrollaran otras revoluciones victoriosas, como por ejemplo la albanesa.

Por último está la cuestión de su apuesta por la llamada economía planificada de equivalencias, obra culmen de Dieterich y compañía, que solo demuestra su lejanía con la realidad material.

La economía planificada de equivalencias consiste en una economía donde los intercambios y gratificaciones de los elementos económicos se realizan sobre valores iguales. Es la apuesta del paso de la economía de mercado a la economía de equivalencias.

Cada trabajador recibiría el equivalente en dinero de su trabajo, hasta la última gota de su trabajo le sería retribuido.
El intercambio de productos debería de hacerse no por la equidad de los precios sino por la equidad de valores. Lo que representa un error profundo, contradicen notoriamente a la economía política marxista. 
Niega la plusvalía, pues afirma indirectamente que la ganancia de los capitalistas es por la diferencia entre el precio y el valor de la mercancía, no entendiendo, que la plusvalía y por ende la ganancia del capitalista se produce aun cuando la mercancía se venda por su valor, que en el valor de la mercancía se encuentra ya la plusvalía. 
Como podemos ver su economía política no es más que una concepción socialdemócrata, que afirma que puede corregirse los defectos del capitalismo, para convertirlo en un sistema justo, en el que no exista explotación del hombre por el hombre. Así estos señores se convierten en los adalides de la propiedad privada, defendiendo que un sistema basado en la misma, puede ser un sistema justo. 
Han santificado a la propiedad privada y se han convertido en sus más fervorosos fieles. Por otra parte, esta teoría afirma que se puede corregir la anarquía de la producción, superar la ley de la competencia, y todo ello en el modo de producción capitalista.
Algunos críticos le llaman a esto determinismo científico, con razón, pero es tan absurdo que parece algo más propio de la ciencia ficción de Julio Verne. Para estos iluminados el desarrollo técnico podría solucionar todos los problemas, sólo habría que inventar un ordenador capaz de calcular todas las equivalencias y ya viviríamos en el increíble mundo de la piruleta y de las mariposas mágicas, en una completa armonía.
Todo esto obviamente es un absurdo idealista, una especulación teórica de bajo nivel, y encima ni siquiera es original, Marx ya refutó estas ideas en su crítica al programa de Gotha, es un absurdo que en ninguna sociedad el trabajador obtenga una remuneración total por su trabajo, lo que hay que explicar detalladamente, teniendo en cuenta el idealista pensamiento de estos señores.
Para empezar, para que se mantenga la producción una parte del producto social global debe ir para reponer los medios de producción consumidos, otra para la ampliación de la producción y otra para cubrir los posibles accidentes que puedan ocurrir y que sin recursos paralizarían la producción.
Sin invertir una parte del dinero producido por los obreros a estas tres cuestiones la producción no puede mantenerse, por lo que es una estupidez afirmar como los apologetas del socialismo del siglo XXI que todo lo producido por el trabajo del obrero se le remunerará íntegramente.
A parte de los meros gastos de producción de los que hemos hablado también una parte del producto social global debe ir para pagar los gastos generales de la administración, otra parte debe ir para pagar las satisfacciones colectivas (Educación, sanidad, etc.) y por último otra parte debe ir para pagar y mantener a aquellos que no pueden trabajar por invalidez, vejez, etc.
Sólo después de pagar todas estas cuestiones podríamos hablar de retribuir íntegramente al obrero por su trabajo, pero está claro que este íntegro se ha convertido en parcial.
La economía planificada de equivalencias es una quimera idealista absurda e irrealizable, en la práctica en los países que han acogido el socialismo del siglo XXI se mantiene la economía capitalista de mercado.
El socialismo del siglo XXI es una teoría antimarxista que intenta disfrazarse de obrera y revolucionaria pero que en realidad es todo lo contrario, debe ser desenmascarada y combatida con rigor. Los intereses que defiende son los de la pequeña burguesía y la burguesía nacional no comprada por el imperialismo norteamericano.