Las huellas dactilares, los datos faciales y otros métodos biométricos aún que pueden parecer muy seguros tienen un gran fallo de seguridad:

Si se ven comprometidos, de cualquier modo (que los hay), no se pueden cambiar y esto es un problema. Al contrario, las contraseñas si son suficientemente largas también son seguras y en caso de ser robadas pueden ser cambiadas fácilmente.