¿Qué puede haber más divino, más próximo a lo molón que un Dios superratón que nos cuida de contino? Un Dios con traje amarillo, con estrella roja en el pecho (ojo, los soviets que no se emocionen mucho) y capa y borceguíes del mismo color. Adoremos todos a Dinkan, el dios ratón del Dinkoismo.