"En los primeros 3 meses de 1939, IBM vendió 700.000 tarjetas perforadas a España", asegura a Teknautas el investigador estadounidense Edwin Black. El país estaba en plena Guerra Civil y el destinatario de aquellas cartulinas preparadas para contener información no era otro que el bando sublevado de Francisco Franco.
"Si recibes tantas tarjetas perforadas en tan poco tiempo, estás preparado para multiplicar tus operaciones", explica el investigador. Y el momento en que llegó esa venta masiva al bando de Franco no fue casual. El material tecnológico se recibió a comienzos de 1939, cuando apenas faltaban semanas para que Franco suscribiera, desde Burgos, el último parte de guerra dando por finalizada la contienda. "La ayuda de IBM fue clave para que Franco ganara la Guerra Civil", sentencia Black.
Según Black, las tarjetas perforadas habrían sido utilizadas por Franco y los suyos precisamente para eso: dar caza y recluir a sus oponentes. "Se les dio un uso relacionado con el censo militar, pero también para las encarcelaciones y la organización de prisioneros en campos de concentración y, sobre todo, para que los servicios secretos (el SIPM, Servicio de Información y Policía Militar) siguieran a republicanos", desglosa el investigador.
La relación entre Franco y la tecnológica estadounidense no se dio por concluida. Una noticia publicada el 4 de enero de 1946 por el diario 'ABC'anunciaba la "entrega al Caudillo de un importante donativo" procedente de las arcas de IBM. "La International Business Machine Corporation, de Nueva York, hace donación de 109.000 pesetas para su reparto entre las clases más necesitadas", explicaba la nota.

“Entre las clases más necesitadas”, es un puto insulto.

50.000 de esas pesetas iban a parar directamente a manos de Franco, según 'ABC', para que él fuera el encargado de repartirlas. El dictador agradecía entonces "los generosos sentimientos filantrópicos de Mr. Watson, recordando al propio tiempo que no es la primera vez que este señor envía donativos a España".

El comercio directo con Alemania e Italia (tanto con sus Gobiernos como con sus empresas) estaba completamente prohibido para las compañías estadounidenses. Sin embargo, España y Suiza eran las grietas perfectas por las que colarse: su condición oficial de países neutrales durante la Segunda Guerra Mundial los convertía en la puerta de entrada para que IBM introdujera sus tarjetas perforadas con destino final en las potencias del Eje. "España funcionó como un socio para IBM", sentencia Black.