Los que en Tuíter no pintamos nada podemos abrazarnos al mastodonte como si fuera de peluche. En cambio, las tuitstars a las que sigo, aunque rechacen el comportamiento hediondo de la empresa, no van a abandonarla, a riesgo de perder los quince minutos de gloria mediatizada que les ofrece. Y así funciona el mundo: los principios acaban donde comienzan los intereses.

Si lo tuviera, sellaría esta reflexión tan profunda con un polvorón de los que te hermetizan la boca durante hora y media.

@HelmetOnSocialZone Jajajajajajaja