Hace un mes recogí un gato de la calle que había saltado desde un tercer piso. Se lo devolví a sus dueños. Hoy ese mismo gato ha vuelto a saltar, esta vez lo han recogido unos chicos. Ya son dos vidas que ha agotado el gato. Estoy por quitarle la custodia a los tontos de los dueños porque nada me garantiza que no haya una tercera vez, o que al gato le sigan quedando vidas para entonces.