Para los que lo odian todo… sí, absolutamente todo.
La luz del sol les parece un insulto personal, el café de la mañana es un atentado contra la civilización, y que alguien diga “buenos días” ya es motivo de indignación global.
Si la Navidad fuera un ser humano, ya habrían escrito un manifiesto, convocado una huelga y difundido pancartas por toda la ciudad.
Si un gato se cruza en su camino, es una conspiración felina; si alguien ríe cerca, mejor correr: el contagio de felicidad es un crimen.
Caminan por la vida como Mr. Scrooge en versión extendida: gruñendo por cada gesto amable, criticando cada pequeño detalle, convencidos de que todo conspira para arruinarles el día, la semana y la vida entera.
Todo es motivo de queja, todo es sospechoso, todo es un ultraje.
Y mientras ellos viven atrapados en su propia amargura, los demás seguimos riéndonos y disfrutando de lo que ellos ven como ofensas personales.
Un aplauso bien fuerte para los maestros del descontento: sin vosotros, la paciencia y la tolerancia del resto del mundo no serían tan legendarias.
Gracias por recordarnos que a veces, la vida se disfruta mejor desde la distancia, con una sonrisa burlona y un café caliente.
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