RESEÑA

La Tierra fue conquistada por los Trípodes mucho antes de que Will Parker tuviera uso de razón. Los enigmáticos alienígenas se desplazan por tierra, mar y aire en robots gigantescos e insertan placas a los humanos cuando cumplen catorce años, con objeto de volverlos sumisos. Will escapa de su destino y llega a las Montañas Blancas, donde se reúne con la resistencia.

En la segunda y tercera parte, Will y sus amigos se adentran en la ciudad de los Trípodes en calidad de esclavos. Allí la vida es dura, sometidos a una presión terrible y con unas escafandras para poder seguir respirando aire humano en un entorno demasiado cálido para ellos. Tras encontrar los puntos vulnerables de los Amos, escapan y trazan un plan con la resistencia para hacer caer las ciudades.

Si bien la trilogía empezó muy prometedora (han pasado muchos años hasta que he podido leer la segunda y tercera parte), se desinfla a medida que avanza hasta el final. Aunque los Trípodes y sus desconocidas costumbres resultan fascinantes, no es creíble la forma que tienen los protagonistas de resolver un conflicto mundial. Se diría que John Christopher tuvo prisa por acabar una historia que podría haber dado mucho juego, en parte gracias a su prosa. El autor describe las tribulaciones de los personajes como nadie, se esfuerza en diferenciarlos, y contagia su pasión por los Trípodes al lector. Sin embargo, la conclusión de la historia resulta decepcionante, y ya lo lamento, porque es una de mis novelas de ciencia ficción favoritas de la infancia.

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