Los saldos de septiembre

Miles Davis, So what, de fondo.

Shushu que me mira desde la silla. Parece gustarle. Cierra los ojos. Pocas veces la oí ronronear.

Últimamente, me aferro a la poesía. Para exorcizar, para espantar el pesimismo. Busco en los versos el silencio que la narrativa impone.

No sé si llegaré a buen puerto, pero lo intento.

Hace tiempo que las palabras me esquivan. De nada sirve echar mano a viejas recetas.

¿Son los versos piedras para derrumbar un bloqueo?

Decididamente, le gusta Davis. Apoya el hocico contra el almohadón. No sé cómo hace para respirar, pero lo logra. Como si me escuchara, levanta la cabeza y comienza a lavarse.

¿Brisas?, varias.

El recital de Susy Shock: «Lo que venga, llámese como se llame, no puede estar exento de una espiritualidad que nos ponga en otros órdenes nuevos, en otras armonías nuevas… Somos un país, dimos vuelta un país, mirá si no lo vamos a reconstruir mejor todavía».

«El ejercicio furioso de no olvidar», también anoté.

La imponente marcha por la educación pública, bajo la lluvia, para dotarle una épica.

Reencuentros en la Feria del Libro.

Los saldos de septiembre.

#ADiario #Diario

Tus problemas son tuyos. Los míos, de todos.
#aDiario
Imagen de Peggychoucair en Pixabay

Camino por una ciudad abandonada (tentado de escribir arrasada). Es lunes, pero no lo parece. Solo veo desamparados, desposeídos de toda fe como limpiavidrios, motos de mensajería, algún que otro adolescente.

Un centro como grotesca película de terror. El banco parece un buen lugar para leer.

«Fueron los años en que, siendo muy jóvenes, nos topamos con esa revolución que cambió nuestras vidas. Trabajaba en el Alto Bío Bío, donde me transformé en dirigente de la Confederación Campesina e Indígena Ranquil, para concientizar y movilizar a mis congéneres en otra revolución, esta vez en Chile. Pensábamos que el sueño se haría realidad. Los bienes de la burguesía iban a ser del pueblo, la tierra de los campesinos, todos los niños aprendería a leer y escribir y los cuarteles se convertirían en hospitales. Ni más ni menos».

Levanto la vista y aparece. Lleva una gorra plana, encorvado, cruza la calle a paso lento. Con voz apenas audible me pide dinero. Se define como «jubilado de la mínima, de 73 años». Me parte el alma. Me disculpo por no tener nada en los bolsillos, pero prometo volver.

La Avenida Argentina está habitada por policías, taxistas y vendedores ambulantes. Cajeros automáticos vacíos.

Me lo encuentro en la misma calle. No sabe cómo agradecerme. «Dios te bendiga». Me abraza. No sé qué decirle. Le pido disculpas, atino un «cuídese».

Lo veo alejarse y desvanecerse en la oscuridad.

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#ADiario #Cotidiano #Diario

Foto: Plan B Noticias

La voz rezuma angustia, acorde a los tiempos que corren.

Les quitaron las pensiones a un matrimonio de personas con hipoacusia. Vinieron acá, junto al empleado del banco que no pudo pagarles, a preguntar por qué. Y no tenemos respuestas, porque ni siquiera hay un delegado nacional que dé la cara por estas decisiones, cuenta una voz en Anses, la que se salvó de los despidos.

La imagen es muy fuerte. Mi abrazo a ese empleado que los acompañó a reclamar, de paso.

Defender la alegría como una trinchera. Benedetti.

Música en el ordenador, un vivo de rock.

Escribo en penumbras pese a ocupar una habitación iluminada, claroscuro de significantes acordes con una época patética que destruye a diario lo colectivo en nombre de una individualidad insana.

Tomar registro como respuesta a una imposibilidad de escribir ficción, a la cerrazón de palabras, a las trompadas de la realidad, leo. No recuerdo cuándo lo anoté.

Escribo en penumbras, echando luz, o al menos intentándolo, con nuevas lecturas, mientras mi gato me mira desde el césped.

Borradores de un intento, (creo que la frase es de Giardinelli en Esto nunca existió), palabras lanzadas al azar en un atardecer húmedo. Quizás la imposibilidad de escribir se trae de eso: borronear hasta que duela, borronear hasta hallar un hilo conductor, no cejar en el intento.

Escribir. Lo que venga: cuentos, poemas, diario íntimo, cartas a la tía Doralisa que vive en Salta, obras de teatro, fábulas para los nietos, comentarios sobre el precio de los tomates, el tiempo, la mineralogía, los recuerdos de infancia, los chismes del barrio. Lo que a cada cual se le ocurra pero escribir, que eso trae felicidad. (Angélica Gorodischer).

No sé si felicidad. Pero al menos sosiego a una mente alerta ante un discurso que empuja a la indiferencia. La voz de una despedida en Anses. No es lo que cuenta, es el tono desolador ante un gobierno que se jacta en empujar personas a la pobreza.

En la tevé sin sonido, represión en Buenos Aires y censura en el Congreso. Repugnan medios y quienes militan un gobierno que cercena derechos en nombre de la libertad. No deberían desdeñar al que no tiene nada que perder.

Anotaciones de otoño. Esto pasará, repetirlo como mantra. Tiene que.

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Anotaciones de otoño. Esto pasará - Con letra propia

Anotaciones de otoño en un tiempo que reprime lo colectivo en nombre de la libertad.

Con letra propia

Vi Muchachos. Emotiva conmemoración. Pocos espectadores en un cine vacío. Lo que más me sorprendió fue que no hubo aplausos, el silencio cuando finalizó la película. Parecen tan lejanos los festejos. Otras cosas preocupan. La motosierra empuja a todos a la pobreza y buscan imponer la indigencia a palazos. No les será tan sencillo.

¿Se puede recuperar la alegría? Hay un afuera que parece decir lo contrario. Refugiarse adentro cuando todo se derrumba parece un buen plan –cortoplacista– para no hundirse.

Abrazar(se) a los afectos, aunque el Titanic vaya directo al iceberg. Fingir demencia, leído por ahí, casi a diario. Una entrada que no va de nada. Y de todo.

¿Fiestas? Algunas casas cuentan con luces de Navidad, las menos. Los bastones acechan, también vos y yo. El Acústico de Attaque que gira y gira contra esa nada que parece colarse por todos lados. Aferrarse a una rutina. Hasta el amanecer. No dejarse atemorizar.

Viernes por la noche. La ciudad se puebla de náufragos excluidos y sus bolsitas de residuos para vender (las de todo el día), medias, alfajores o solo con carteles pidiendo limosna. Un hombre duerme en un charco de orina frente al Monumento a San Martín en pleno centro de Neuquén capital. Solo hay que saber (o querer) mirar.

Escribir también es registrar, para quebrar la mirada perdida en el espejo, el gesto parco.

Alguna vez fui feliz escribiendo.

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Muchachos - Con letra propia

¿Fiestas? Escribir es también registrar.

Con letra propia