COMUNICADO PÚBLICO

Tras los hechos ocurridos el pasado 4 de mayo de 2026 en el municipio de Temoaya, Estado de México, donde dos mujeres de nombre Rebeca Ramírez y Guadalupe Guerra fueron brutalmente agredidas por pobladores de la comunidad al visitar un manantial de la localidad, informamos lo siguiente:

La compañera Rebeca Ramírez es médica veterinaria de profesión y docente. Ha residido en Toluca durante más de 13 años y conoce ampliamente los municipios aledaños, por lo que no se trata de una persona ajena ni desconocedora de los usos y costumbres de la región. Es hija de padres ñathö (otomí), originarios del municipio de Temoaya, igual que toda su familia. ELLA MISMA ES HABLANTE DE ÑATHÖ. Asimismo, ha colaborado en proyectos educativos y productivos en comunidades indígenas y rurales, tanto en el Estado de México como en Oaxaca. Es danzante mexica de gran trayectoria y participa activamente en la preservación y difusión de prácticas culturales ancestrales. Su trabajo también se centra en el acompañamiento a mujeres a través de procesos comunitarios donde la siembra y el trabajo colectivo representan una vía de autonomía económica y fortalecimiento social en sus comunidades.

El lunes 4 de mayo, Rebeca acudió junto con su amiga Guadalupe Guerra (médica tradicional, protectora de la naturaleza, guía y maestra de prácticas medicinales, herbolaria y meditaciones), a un espacio cercano a un manantial en Temoaya con el propósito de realizar un rezo de petición de lluvia, práctica vinculada a tradiciones ancestrales en esta temporada de cosecha agrícola. Durante su estancia, se generó un malentendido con personas de la comunidad, quienes observaron que la perrita compañera de Rebeca (de nombre Xala, parte de su familia desde hace 5 años) se encontraba acostada en un charco cercano al manantial. Esta situación fue interpretada erróneamente como un intento de contaminar el agua o realizar algún acto de sacrificio, lo cual ¡es completamente falso!, ya que la perrita es su compañera de vida (y de viajes).

A partir de esta confusión, ambas mujeres fueron víctimas de agresiones físicas y verbales, incluyendo acusaciones infundadas de “brujería” y “ritos satánicos”. Posteriormente, fueron trasladadas al Ministerio Público para rendir declaración en torno a supuestos hechos de contaminación del agua. Ante esto, cuestionamos a las “autoridades” del municipio de Temoaya:

¿Por qué se permitió que los pobladores actuaran con violencia en contra de ellas? En los videos se ve que los pobladores no entran a la fuerza (al principio casi todos hombres) sino que fue con todo permiso y negligencia voluntaria de la policía sin ellos hacer absolutamente nada al respecto, incluso siendo espectadores gustosos de lo sucedido.

¿Por qué las tenían esposadas desde la tarde que las arrestaron, hasta la noche? Se les ve esposadas con las manos a la espalda mientras los pobladores arremeten contra ellas con golpes y patadas (cuerpo, cara y cabeza) y ellas no pueden ni cubrirse con las manos.

¿Por qué no se garantizó su integridad física y su resguardo durante el proceso?, ¿por qué no se les brindó jamás la oportunidad de explicar de manera segura los motivos de su presencia en el lugar?

Exigimos justicia real y expedita a las presuntas “autoridades” de la #4T que gobiernan en Temoaya y el Estado de México que se autonombran #feministas ( la presidenta municipal Berenice Carrillo Macario y la gobernadora Delfina Gómez Álvarez). Que respondan con hechos reales, y no solo con discursos inútiles días después de lo ocurrido. Exigimos que la actuación tardía de la CODHEM tampoco quede solo en el papel y que señale a los funcionarios públicos responsables.

También responsabilizamos de los hechos cobardes, negligencias y falta de justicia a quienes intencional y vilmente azuzaron y difundieron falsedades; a los mandos y elementos policiales que intencionalmente dejaron que la turba golpeara a las compañeras: ¡no más corrupción!

Nos pronunciamos en contra de cualquier forma de violencia, criminalización y estigmatización hacia las mujeres y las expresiones culturales pacíficas diversas que deben ser respetadas en un supuesto país laico y multicultural. Nos pronunciamos en contra de la desinformación que pone en riesgo su integridad.

¡Exigimos justicia para Rebeca Ramírez y Guadalupe Guerra así como la reparación de los daños ocasionados hacia las compañeras!

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Comunidad de Mujeres de Danza de Luna Ye Nuru Jitzi (Lluvia del Cielo).
Coordinadora Anarquista Tejiendo Libertad.

El Centro Ceremonial Otomí, ubicado en el municipio de Temoaya, Estado de México, es un recinto contemporáneo inaugurado en 1980 que rinde homenaje a la cosmovisión y el legado de la nación otomí (hñähñu). Situado a más de 3,200 metros sobre el nivel del mar, en las faldas del cerro de las Navajas, el complejo fue diseñado para rescatar las tradiciones ancestrales y proporcionar un espacio para ceremonias rituales actuales. La arquitectura del sitio fusiona elementos prehispánicos con técnicas modernas, utilizando piedra volcánica y materiales de la región para integrarse con el bosque de coníferas circundante.

El diseño espacial del recinto se articula a través de una plaza monumental conocida como la Plaza del Sagrado Jaguar, que está flanqueada por 52 columnas que simbolizan los años del siglo prehispánico y la renovación del Fuego Nuevo. En el centro se encuentra una escultura del dios Sol, rodeada por grabados y relieves que narran la historia y el pensamiento filosófico otomí. La escalinata principal conduce a la zona superior, donde se ubican siete columnas adicionales que representan las siete cuevas de origen del pueblo otomí, conectando la tierra con el cielo en un eje vertical sagrado.

Más allá de su función arquitectónica, el sitio opera como un centro de identidad cultural donde se preserva la lengua, la vestimenta y la medicina tradicional de esta etnia, que es una de las más antiguas del Altiplano Central. Cada año, durante el equinoccio de primavera, el lugar se convierte en el epicentro de danzas y ceremonias de agradecimiento a la naturaleza, reafirmando la vigencia de la espiritualidad indígena en el siglo XXI. La combinación de su escala monumental y su entorno natural lo posiciona como uno de los espacios ceremoniales más singulares de México.

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