Claudia Sheinbaum llevó a Barcelona un mensaje incómodo para el progresismo global: no existen derechos sin soberanía ni transformación sin historia popular.
“Vengo de…” repitió 21 veces para recordar que los pueblos no luchan desde laboratorios ideológicos, sino desde su memoria, sus conquistas y sus heridas.
El análisis de David Bak Geler






